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Opinión | Gentes y asuntos

Los Llanos de Aridane

Empresas sepultadas por la lava en el Valle de Aridane

Empresas sepultadas por la lava en el Valle de Aridane / I LOVE THE WORLD

Tras la última erupción de Cumbre Vieja y, en los recorridos agrios por la geografía castigada, me pesaron tanto como la lava que, en ciertos tramos, superó los setenta metros, y los pueblos borrados del mapa, la tensa soledad y el drama sordo de una ciudad luminosa y franca cuya vida sigo, desde que recuerdo, por las reseñas apasionadas y/o precisas de sus últimos cronistas oficiales, mis amigos Pedro Hernández y María Victoria. Con la última, protagonista de una intervención valiente y emotiva en el documental Después del Volcán, compartí en una mañana de rodaje y café mediante, la tristeza de una población poco acostumbrada al desanimo y coincidimos en el análisis puntual de uno de los peores efectos del suceso. También reflejaron esa percepción mi tocayo, condiscípulo y colega Luis León Barreto que dejó gotas de nostalgia, y esperanza en una hermosa crónica en El Volcán, una enciclopedia libre que, gracias al Colegio Notarial, guardará la memoria escrita de los peores días de La Palma; y Juan Manuel Bethencourt, director que fue de Diario de Avisos cuando durante unos años publiqué perfiles onomásticos de notables de todo valor y pelaje, vivos y muertos, con Nombre y apellido.

En una reciente visita de horas, me reconcilié con el sino de los hombres y los pueblos y, ahora, repudio, con el debido respeto a los sabios pesimistas y a los gafes que regalan, sin que nadie se las pida, ácidos presagios y amargas melancolías.

Era un día radiante, con la animación sabatina en un casco de sabia cuadrícula, con vías para la actividad y para el paseo, con la parroquial de Los Remedios y la Virgen más bella llegada de Flandes abiertas a la admiración y al culto, con los laureles más verdes si cabe y la buena sombra para el café de fama en el kiosco todavía modernista.

Me comentaron mis contertulios la suma de una espectacular obra a la colección de arte callejero, que se inició con valentía y con debate – ¡cómo debe ser! – y singularizó las paredes medianeras con las creaciones de notables creadores; algunos se estrenaron en el gran formato, otros los desarrollaron con su experiencia y provocaron, ese es el milagro, el sueño de verticalidad que alienta en todas las llanuras, la mirada alta que reclaman las ciudades. Marlene González, la eficaz titular de Cultura, nos mostró la última aportación a en este museo urbano – The Goddess, la diosa romana Minerva – una representación del mármol de ese título del escultor figurativo Adolph Weinman (1870-1952), localizado en Baltimore y recreado en una superficie de trescientos metros cuadrados por los valencianos Juan Antonio Pichi y Alvaro Avo (PichiAvo es la firma artística), que introdujeron variaciones estéticas de clara vinculación isleña; el casco y escudo del arcángel Miguel, patrón y símbolo por excelencia, y la morena coloración de la escultura. Y si La Diosa ocupó un espacio de privilegio en el centro urbano, apenas una semana antes La Palma Treasures animó con paños vitales y coloristas el muro exterior de los pabellones deportivos Severo Rodríguez y Camilo León, con la actuación de la artista castellana Elena González (Ele Zissou) que quiso transformar un muro gris de cemento en un retablo en homenaje a la luz, la riqueza geológica, el paisaje famoso y la tierra reciente y el esplendor botánico, el cielo y el mar y un conjunto de sugestivas criaturas. En los bajos de la Casa de la Cultura – una espléndida y polémica construcción racionalista de mi recordado amigo Rubens Henríquez – luce, como cada año un Belén que, a partir del Misterio, deja a la creación de los artesanos la composición de un escenario digno para el Nacimiento de Dios. Artesanos de distintas disciplinas, coordinados por Marcelino Rodríguez, componen un curioso paisaje donde se combinan, con cuidado equilibrio estampas rurales y urbanas, oficios antiguos y fiestas inmemoriales que reflejan la universalidad de una fiesta entrañable y que, en un rato intenso, me demostraron que la ciudad volvía por sus fueros. El alcalde Javier Pérez Llamas recordó en su mensaje que la Navidad es un estado de ánimo; desde luego y la reconstrucción, una acción de futuro que se siente y de la que nadie duda.

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