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Opinión

Javier Fernández López

‘Todo a la vez en todas partes’

95th Academy Awards - Oscars Show - Hollywood

95th Academy Awards - Oscars Show - Hollywood / CARLOS BARRIA

El título que le he puesto a este artículo es el de la película que acaba de conseguir los mejores premios en la gala de los Oscar celebrada hace unos días. Que nadie se asuste, no voy a hablar de cine, intento no hacerlo de lo que no sé y del séptimo arte solo me atrevo a decir que soy aficionado. Sí diré, de la película de moda, que la he visto, en casa, no en una sala, y que no me ha gustado nada. Aprecio en ella sus efectos especiales, peinados, vestuario, el disparatado guión, su intento de metáfora sobre el metaverso y los mundos paralelos, y el papelón de la actriz protagonista. Pero todo ello me llevó la primera vez que intenté verla a estar diez minutos atento, unos treinta en el segundo intento, y completa la tercera vez, para ver si apreciaba las bondades que han apreciado los que votan en los Oscar. Nada de nada. Este cine no está hecho para mí.

Sí me ha parecido interesante utilizar el título ya que es revelador de lo que quiero transmitir hoy: el enorme follón que tenemos a la hora de recibir información y de procesarla.

Hace unos días, en un programa de radio que suelo seguir, A vivir que son dos días, en la Cadena SER, escuché una especie de entrevista (creo que era una sección de humor) a una joven que se identificó como líder de un grupo de cuatro o cinco mujeres que «lo estaban petando en youtube». Hacían vídeos informativos, de un minuto de duración, sobre muchos temas, y el éxito estaba siendo arrollador. Afirmó varias veces, como una muletilla, «cuando yo estaba en la ONU», sin especificar si su estancia allí era por turismo o con una beca de las Islas Feroe. A ella, y a quienes hablaban con ella, les parecía todo muy gracioso.

Al parecer los sosos, como yo, no tenemos el gen de reírnos de todo. La última pregunta que le hicieron fue sobre Ramón Tamames, que ya había sido designado portavoz de Vox en la moción de censura a Pedro Sánchez. Y contestó, con toda tranquilidad, que no sabía quién era. Estoy seguro de que ese desconocimiento no le impedirá grabar uno de sus famosos vídeos informando sobre el veterano político, antaño comunista y ahora vendido a la ultraderecha.

A mí el desparpajo de quien produce, y vende, desinformación y los millones de seguidores de esta pantomima me llevan a pensar en el título de este artículo y en las gravísimas consecuencias que eso ha tenido en el pasado y tendrá, seguro, en el futuro. Recuerdo el Brexit y la elección de Donald Trump, sucesos ocurridos en 2016 y que explicaron al mundo, al bien informado, claro, los horrores de la mentira vendida como información.

El referéndum para decidir si el Reino Unido de la Gran Bretaña permanecía o no en la Unión Europea fue convocado por el presidente del gobierno, que es quien tiene en ese país la competencia para tomar una decisión así, y puso en marcha una enorme máquina informativa. Algunos actores se dedicaron a transmitir, a quienes les quisieron atender, las bondades e inconvenientes de permanecer en la UE, y lo hicieron de forma decente. Otros, como la prensa amarilla, se dedicaron a mentir con todo descaro, inventando datos falsos y fabricando informes sobre las bondades del futuro fuera de ese club europeo.

Los partidos más extremistas favorables al abandono de la UE pusieron en marcha una infame campaña plagada de mentiras. Y no es que lo pueda decir yo, es que tras el referéndum del 23 de junio, con el resultado favorable a sus tesis, el líder de ese movimiento, Nigel Farage, lo explicó a todo el que lo quiso oír, claro que hemos mentido, dijo, y lo volvería a hacer ya que el interés superior de la Gran Bretaña así lo exigía. Mentiras y desinformación.

La campaña para las presidenciales de noviembre de 2016 fue, posiblemente, la más sucia de todas las celebradas hasta la fecha en los EEUU. Donald Trump utilizó en su favor y, muy especialmente, en contra de Hillary Clinton, un enorme despliegue de informaciones falsas. Para ello contó, entre otros muchos, a medios rusos próximos a Vladimir Putin y, visto el resultado, con un rotundo éxito. Mentiras y desinformación.

Yo no puedo presentarme como un ciudadano medio en el consumo de información. Leo dos periódicos al día y escucho en diferentes franjas horarias una emisora de radio. Sigo la cadena televisiva de informativos del Parlamento Europeo y algunas noches veo el programa de TVE dirigido por Xabier Fortes. También sigo a diario dos redes sociales. Eso es excesivo, lo sé, pero comprobar que muchos jóvenes solo se informan a través de Youtube en vídeos dirigidos por personas incultas me produce una gran desazón. Mezclan todo, a todas horas, de todo el mundo, y sin rigor alguno. Espectáculo, desinformación..., horror.

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