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La cita de Schrödinger

Rusia minimiza el posible impacto de los tanques Leopard en Ucrania.

España envía tanques a Ucrania y yo tengo una cita. Potencialmente. Se lo explico. Tengo una amiga actriz y le va en el cargo ser muy apasionada. Así, nos vimos hará un par de meses y entre ponernos al día y vinos va y me suelta: «Por cierto, tengo un amigo soltero que es perfecto para ti. Vamos, que es tú, pero en tío». Esta última frase me desconcertó, «¿cómo yo pero en tío?», ¿eso qué quiere decir? Pero en lugar de con preguntas le respondí con un «sí, claro, claro, lo que quieras» lo mismito que si en vez de a un señor me hubiera propuesto pedir unas bravas. Desde entonces me ha enviado varios audios de esos laaargos –por favor, que alguien invente un día de estos las llamadas de teléfono–, en los que me cuenta con el entusiasmo que le caracteriza cualquier cosa hasta atravesar el ecuador del minuto cinco o seis donde ya dice: «Y por cierto, lo de quedar con mi amigo, ¿cuándo te va bien?». Que yo, siendo como soy de letras, contesto con un escueto «cuando quieras».

Ayuso es nombrada Alumni Ilustre sin el voto de los profesores y yo, mirando el armario, pensando si me abrocharán o no aquellos vaqueros que me hacían culazo. Porque tengo una cita, ¿saben? Potencialmente, huelga decir. Con un tal Pedro. Hasta el cuarto audio no había aparecido el nombre tan siquiera porque todos los datos importantes en opinión de mi amiga que me daba del muchacho era que «la verdad es que está muy muy bien». Esta descripción de mi amiga, la actriz, vino casi relamiéndose. Mejor borro este detalle que aporta poco al desarrollo de esta historia no sea que me lea el marido. No sería la primera vez que pasa y saltando de los resultados deportivos a las páginas de color salmón, totalmente sin querer, algún marido va y me lee. ¿Les he contado ya que así suelen fracasar mis citas potenciales? Se lo explico. Alguna noche de esas en que logré abrocharme hasta el último botón del vaquero y en la tasca mi amiga se ausenta a pedir unas bravas sí ha sucedido que algún macho alfa se me acerque y apoyando el codo en la barra me pregunte algo del tipo: «Bueno, ¿y qué te cuentas?». ¡Que qué me cuento! No hay pregunta que me dé más pereza en el mundo y entiéndame que les acabe remitiendo a este periódico donde ya tengo todo más que contado. Pues créanme que en lugar de ganar un suscriptor, lo que suele suceder es que pierdo un pretendiente. No hay manera más rápida de pasar de la lista de sexualmente aceptable a spam, pero se compensa con la sonrisa de mi amiga cuando vuelve con las patatas y exclama: «¡Pero de repente, cuánto sitio!».

Feijóo augura una triple A (Ayuso, Almeida y Absoluta) para este año electoral que se nos va a hacer más largo que todos los audios del mundo, pero por si acaso, también pide un pacto para que vote la lista más votada y yo, que tengo una cita. Potencialmente. Con un tal Pedro que debe tener el móvil repletito de whatsapps de una amiga que mete, ahí a lo tonto, un: «Oye, ¡y acuérdate de mi amiga la soltera!». Y remata en algún punto: «Que es igualita igualita a ti, pero en tía». Si el tal Pedro es como yo andará desconcertado. Si el tal Pedro es como yo, capaz que esté escribiendo en la contra de este diario preguntándose si lo que se estila ahora en las citas es ir con zapatos con hebilla o deportivas, arreglado pero informal, y lamentándose que cuando algún colega va a por dos tercios se le acerque una rubia de bote y wonderbrá y Malibú con piña a preguntarle: «Bueno, ¿y cómo te ves dentro de unos años?». Y él, como escribiente entregado a un rotativo, va y le sugiere que se suscriba. Los reyes de España invitan a palacio a los miembros del cuerpo diplomático y el embajador de Irán da la mano a todos los hombres pero no a la reina, y yo, ¡tengo una cita! Potencialmente. Es la cita de Schrödinger. Con alguien que es igual a mí pero en tío; que yo soy igual a él, pero en tía. A saber lo que ese trabalenguas quiere decir. Sé lo que el lector estará pensando. Que preguntarle a mi amiga parece el camino más corto, pero de los actores lo mismito que de los políticos en campaña, cuesta discernir cuánta verdad hay en todo lo que fingen. Finjo yo también ahora posturitas frente al espejo. Por si acaso, solo por si acaso. Se me ha olvidado ya cuál era mi lado bueno y por eso acabo borrando todos los selfis de madrugada con mis amigas, donde la pobre cámara de algún Iphone tiene que elegir si enfocarme la cara o la nariz, y de repente, caigo… No le pregunto a mi amiga porque temo que su respuesta sean los versos de Quevedo:

«Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa, érase una nariz sayón y escriba, érase un peje espada muy barbado;

Era un reloj de sol mal encarado, érase una alquitara pensativa, érase un elefante boca arriba, era Ovidio Nasón más narizado.

Érase un espolón de una galera, érase una pirámide de Egito, las doce tribus de narices era;

Érase un naricísimo infinito, frisón archinariz, caratulera, sabañón garrafal, morado y frito».

@otropostdata

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