Estaba aprovechando la ausencia de actos de Carnaval, y la de clientes en mi Cantina, para pasar un paño, cargar botelleros, preparar los garrafones para llevarlos a Ravelo a rellenar y acercarle a mi madre los calderos gigantes en los que me prepara las garbanzas rellenas de conejo en salmorejo.

Y en esto que, a media tarde, apareció Paco El Pastilla. Venía el hombre con una copia de la ordenanza municipal del Ayuntamiento de Santa Cruz en la que se establece que, a partir de ya, no se podrá vaciar la vejiga en plena calle, por muy llena que esté; y la traía en la mano acompañada de un artículo en el que, el concejal Tarife, amenazaba con que dicho reglamento se aplicará también en Carnaval, vamos, lo que viene siendo ponerle puertas al monte. Porque tanto El Pastilla como yo mismo nos preguntamos, ¿habrá tanta policía en la calle como para controlar que miles de personas ejecuten semejante desahogo? ¿Esperará el susodicho funcionario a que quien desobedezca la regla termine la operación de vaciado, o acaso será interrumpido en plena faena?

Total que este año habrá que buscar un pipipódromo por donde sea porque la operación de desalojo puede llegar a costar hasta 750 euros. Lo bueno es que, los niños que estudian geografía y se aprenden los ríos de España, ya no tendrán que memorizar el de la calle San José, que baja caudaloso en las noches de Carnaval. Si la gente cumple, los románticos de nuestra fiesta, entre los que hay muchos clientes de mi negocio, echarán de menos ir a la Plaza del Príncipe el domingo por la mañana, para escuchar a Los Fregolinos, y durante ese paseo por las calles del cuadrilátero disfrutar de nuestra fiesta con ese tradicional aroma a Eau d’ oriné.