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José María Lizundia

Vox se suma a la ingeniería social de izquierda

El líder de Vox, Santiago Abascal, junto al vicepresidente de la Junta de Castilla y León, Juan García-Gallardo. EFE

Lo que distancia a Vox de la extrema derecha es la afección del partido a la constitución, mientras que la mayoría parlamentaria y gubernamental está en contra, unos para abolirla y otros, el sanchismo, para reformarla hasta hacer irreconocible el estado. Toda esa mayoría actúa sin tener en cuenta a más de la mitad de los españoles. Lo que está suponiendo la cabal deconstrucción de la carta magna: un logro indiscutible, que ahora comprobamos, de inclusión, consenso y concordia. Otra condición nada natural a la extrema derecha en Vox es su apego a los procedimientos legales que les hace parecer habermasianos, frente a los que debieran serlo: los que en la antigüedad fueron socialdemócratas (Habermas continuador de la Escuela de Frankfort y próximo al SPD), en la ecuación exacta del pensador alemán de legalidad/legitimidad.

Otras propuestas de Vox merecen el rechazo intelectual político, pero desde el momento que contra él se lanzan las más viscerales e incondicionales condenas, para anticipar el alcance de sus políticas y por acciones no cometidas, por tanto también pre-supuestas, sería imprescindible discernirlas. Al ser totalmente deseadas, para que el estigma imputado quedara acreditado, justificando así la caudalosa agresividad almacenada en contra. Es natural a la condición humana el chivo expiatorio, los judíos. Si algo caracteriza a este gobierno de izquierda remix populista y de progreso autocrático, es la vulneración sistemática de los procedimientos, donde se articulan las garantías y contrapesos de poder, cada vez más inapelable. Ya había ordenado Sánchez a sus cañoneras del actual Constitucional tirar contra el acuerdo castellano-leonés que no existía.

Mientras escribo esto en Bruselas todo un comisario desautoriza que legislando ad personam eximir a malversadores, vinculándolo con la obtención de fondos europeos. Pero lo más imborrable ha sido cuando una diputada húngara ha denunciado la falta de condena al gobierno español por actuar aún de manera más radical contra el estado de derecho, desmantelándolo, que ellos. La simetría Sánchez-Orbán, ya no es solo cosa de analistas avezados sino que supone un salto cualitativo en Bruselas. Sánchez presa de su libertaria psique, siempre evaluada por axial, ya camino del tándem Orbán-Sánchez.

Vox con su propuesta de escucha de los latidos del feto para las mujeres, incurriría en la injerencia del poder en la libertad individual, partiendo de la minoría de edad, ignorancia, volubilidad, en esta caso, de la mujer, característica constitutiva de nuestra casta venezolana y el extremismo psíquico del asimilable a Orbán, Sánchez. Representa el total desprecio a la autonomía individual de las personas, tuteladas como rebaño a educar, conforme aquí a una ingeniería social más teológica que la marginal, incompetente y despótica habitual.

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