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Luis F. Febles

El divorcio como medida higiénica

El divorcio como medida higiénica

Hace mucho frío cuando la historia desaparece. Oscurece cada vez que nos olvidamos de nuestro patrimonio, de los protagonistas en blanco y negro que brindaron la necesaria oportunidad de vivir en una realidad democrática. Abandonamos sus nombres y los relegamos en viejas estanterías que encierran historias maravillosas aún por descubrir. Hoy somos un poco mejores gracias a ellas. Más prósperos por su activismo convincente, sus discursos y esa extinta capacidad de enfrentarse al establishment que castigaba en masculino singular. Seamos tan valientes como lo fueron ellas para sacarlas de las placas y de las escondidas reseñas que encontramos en los recodos más inverosímiles de nuestros barrios. Rememoremos la misma osadía de Mercedes Pinto para subirse al estrado de la Universidad Central de Madrid y versar un discurso esencial en la conquista de los derechos de las mujeres en España. “El divorcio como medida higiénica” supuso un alegato revolucionario que hizo tambalear los cimientos de una sociedad de tacón militar, una arenga contra la institución moral y religiosa del país. Y lo hizo una lagunera, desconocida para muchos y cuya obra perece en el desconocimiento colectivo patrio. Su conferencia “El divorcio como medida higiénica” denunciaba con verbo punzante las carencias de una justicia que no proporcionaba apoyo de ningún tipo a todas las víctimas casadas con personas enfermas mentales, dado que en ese momento la supuesta locura y la violencia machista, no se contemplaba como motivo de divorcio. Basta citar un fragmento para calibrar la grandeza de unos párrafos escritos con anhelo de libertad: “Yo sé que muchas mujeres sentirán al oírme la impresión de que soy una libre pensadora a la moderna. Yo puedo declarar sencillamente que soy cristiana y que el hogar y la familia son los tesoros que enajenan mi espíritu ¡pero no un hogar a la fuerza, ni una familia creada en medio del terror! Por eso digo antes ¡divorcio como medida higiénica!”. Fue, sin duda alguna, un canto ejemplarizante a la modernización en la ley del divorcio que alteró las pérfidas mañas de los conservadores afines al dictador. La prédica de Mercedes Pinto en esa memorable conferencia provocó una profunda herida en el Gobierno y en la Monarquía de Alfonso XIII. Y las consecuencias no tardaron en llegar: el dictador Primo de Rivera decretó su destierro a Bioko y motivó su posterior decisión de exiliarse a Uruguay. Parte de la grandeza de Pinto radica en exponer sin tapujos la opresión social que padecieron las mujeres durante las primeras décadas del siglo XX, sufriendo en carne propia un matrimonio lleno de hostilidades, violencias y vejaciones que marcaron su vida y su obra. Invisible aquí, pero reconocida en Iberoamérica. Ellas, mujeres como Mercedes Pinto; Clemencia Hardisson; Josefina de la Torre; María Rosa Alonso; Pino Ojeda; Ignacia de Lara Henríquez; o Lola Massieu merecen más de una sociedad que les debe mucho. Avancemos con más rincones, más libros, más monumentos y que se incluyan sus textos como materia curricular desde Bachillerato. Es el momento de reconocer y valorar el legado inspirador de todas esas mujeres que lucharon por una tierra más justa e igualitaria, sin callarse ni doblegarse ante el machismo institucionalizado.

@luisfeblesc

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