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Maite Fernández Valderas

Odisea 2023: personas y política

Concierto de Fin de Año en Santa Cruz de Tenerife. E. D.

Pide un deseo en Navidad, pero antes mira bien a tu alrededor… no sea que ya lo tengas. Agradecer te cambia esas gafas de análisis de la realidad, provoca que puedas tomar conciencia de todo lo que tienes. El famoso psicoanalista y humanista Erich Fromm decía, “Si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco lo serás”.

Me encanta contar que somos ese resultado de lo que hacemos, repetido una y otra vez. Cambia una y otra vez ese sitio desde el que contemplas al mundo, a tus amigos, a tus hijos, a tu hogar, a tus días… y te sorprenderás; el valor de la perspectiva es impagable. Nuestros pensamientos tienen una gran fuerza, por ello tenemos que ser exquisitos en la forma en la que los seleccionamos y ser conscientes del poder que le damos a cada uno; contrastemos mucho y hablemos sin miedo. Y a partir de ahí derrocharemos ilusión, tristeza, ira o quizás cualquiera de esos no deseados pecados capitales. Me recuerda ese precioso libro de mi psiquiatra de cabecera Luis Rojas-Marcos titulado “Somos lo que hablamos”.

Ya estamos en la apertura de una nueva odisea, un nuevo año; nuevas oportunidades, nuevos proyectos, nuevos logros, nuevos aprendizajes, mayor tenacidad y menos miedos. Será un año de cambios, de elecciones, de valoraciones, de asentamientos, de sorpresas… En definitiva, de Marca Personal; ya seas o no del ámbito político, apuesta por “tu Marca”, por tu identidad, esa que nadie puede, ni siquiera, cuestionar. Me enamora esa cita de mi estimado psicólogo Axel Ortiz, que dice así: “Cuando quieras conocer a alguien no preguntes por lo que le gusta, ni por lo que ha hecho, ni por lo que sabe… pregunta por lo que ama. Ahí radica su ser, su pasión”.

Me encanta ese período de Navidad que se desarrolla entre el Fin de Año y el día de Reyes, quizás porque representa para mi la frescura, la apertura, más vida y más sueños preparados en nuestra casilla de salida; estrenando agendas y dejando atrás aquello que no pudo ser para soñar que, transformándolo, ahora si saldrá como nosotros deseamos.

Me gusta que, hoy, estas líneas sean la suma de personas, de reflexiones y aprendizajes que nos acompañan a diario en nuestras redes sociales, en lecturas o en reuniones maravillosas que solo suman; así que encontrareis citas de personas estupendas, a las que no les preocupa expandir su conocimiento, ser guía, soporte y apoyo incondicional.

Me gusta quedarme con la frescura de las personas; y amo a las que son ligeras, fáciles, que saben pasar página, que solo te miran desde la inocencia de la incondicionalidad, con esos pasados sellados, superados y abiertos a lo que puede llegar, esas mochilas vacías de pecados capitales… Seamos responsables de lo que hacemos con nuestro dolor, nadie debería de aprender a padecernos.

“Para disipar una duda, cualquiera que sea, es necesario una acción”, dice la exitosa escritora Marta Grañó.

Movernos y dejarnos llevar es mitigar nuestra ruptura. Provocar los cambios desde nosotros y no esperar es lo que nos salvará emocionalmente, laboralmente y políticamente en muchísimas ocasiones. La rigidez nos terminará quebrantando nuestro equilibrio personal y emocional; la energía que dedicamos a la resistencia nos minimiza nuestra capacidad para crear, desarrollar una toma de decisión acertada y libre de prejuicios. Seamos cómo ese Bambú japonés.

La leyenda del bambú. En la cultura zen y oriental hay una leyenda que se ha transmitido de generación en generación; la historia del crecimiento del bambú. Dice así: Hace mucho, mucho tiempo, dos grandes agricultores se acercaron juntos al mercado, ilusionados en nuevas semillas. El mercader les aconsejó que plantaran una semilla desconocida que venía del lejano oriente. Los agricultores dudosos le preguntaban al mercader en qué consistía esa gran diferencia. A lo que él respondió que sólo necesitarían agua y abono para averiguar el secreto. Finalmente, la curiosidad se impuso y se decidieron a comprarla. La plantaron, regaron y abonaron siguiendo con detalle las instrucciones. Tras un largo tiempo de espera, los resultados no llegaban y ambos agricultores pensaron que habían sido engañados. Uno de ellos desistió y solo el otro continuó manteniéndolos. Un día al amanecer, cuando el agricultor estaba a punto de tirar la toalla y dejar de cultivarlas, se sorprendió al encontrarse que el bambú había crecido 30 metros en tan sólo 6 semanas.

La realidad es que el bambú durante los primeros siete años, a pesar de una aparente inactividad, genera un complejo sistema de raíces que le van a permitir sostener su crecimiento posterior. El bambú esconde la perseverancia, la paciencia, el amor, el cuidado, la ruptura de expectativas, el valor de la espera, la confianza, la incondicionalidad y la fragmentación de la inmediatez.

La pregunta inmediata es: ¿tardó solo seis semanas en crecer? No, en realidad se preparó siete años para dar el gran salto y triunfar.

¡Cómo tú! ¡Súper feliz odisea 2023!

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