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Pedro Alfonso Martín

Lo cierto y lo menos cierto

Las empresas esperan subir los salarios el próximo año. Unsplash

No es cierto que los empresarios no queramos negociar sobre el salario mínimo interprofesional.

No es menos cierto que hemos hecho una oferta para subirlo un 4% siempre que se den, al menos dos circunstancias.

Una es que se rebaje un 20% las cotizaciones a la seguridad social del sector agrícola, gran afectado por esta subida, y que las administraciones públicas modifiquen la normativa de revisión de precios de los procesos de contratación del sector público para repercutir el incremento del salario mínimo interprofesional en los contratos en ejecución.

En cristiano, que la administración pública se moje en este esfuerzo, para que no sea el empresario, unilateralmente, el que asuma este incremento al 100%, ni que aboque a los agricultores a perder dinero al no poder vender los productos más caros, al subirle los costes.

Ante la urgencia del Ministerio para imponer su voluntad antes de la propuesta empresarial, la respuesta pública ha sido silencio y vacaciones navideñas. Total, los que no están subsidiados pueden esperar un poco y las empresas ya están acostumbradas a la procrastinación de las decisiones públicas.

Al fin y al cabo, el Banco de España ha anunciado que no espera una recesión para 2023 y ve alivio en la inflación, por lo que la eficiencia y la ejecución presupuestaria puede volver al fondo del armario.

Tampoco es menos cierto que hay crisis y crisis.

No es lo mismo que se desplome la economía por cierre decretado por el Estado por el COVID-19 que enfrentarnos a un escenario de recesión, estanflación o ralentización económica.

Para la primera solo podíamos rezar y apretar los dientes. Para la segunda, los que peinamos canas ya sabemos que hacer.

Aligerar costes (personal incluido) buscar posiciones de tesorería lo más barata posible, y trabajar, trabajar y trabajar.

Los empresarios no podemos asumir déficit y aumentar la deuda, como hace la administración, pues una empresa privada con déficit (pérdidas) está abocada al cierre, o encarecimiento, de la financiación bancaria.

O lo que es lo mismo, protagonizar una película de zombis. Donde el terror pasa por arrastrar deudas hasta la tumba mientras los acreedores aporrean la puerta y embargan rentas y capital.

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