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Joaquín Rábago

Con su invasión de Ucrania, Putin logró que EEUU se metiera a Europa en el bolsillo

Imagen de Vladímir Putin en una cruz, situada en Dnipro, ciudad a 391 kilómetros de Kiev, a modo de 'check point'. Reuters

Con su decisión autodestructiva de invadir a la vecina Ucrania, el presidente ruso, Vladimir Putin, consiguió sobre todo que Estados Unidos «se metiera a Europa en el bolsillo».

Ésa es la opinión, fundamentada en la realidad, del famoso lingüista y analista político Noam Chomsky (1), que lleva meses abogando por la necesidad de una solución diplomática a un conflicto que no tiene solución militar.

Y esto no lo dice sólo él, sino también el general estadounidense Mark Milley, ex jefe del Estado Mayor Conjunto de su país, que, no cegado como la gente del actual Departamento de Estado por la ideología, no cree en una victoria en el campo de batalla de ninguna de las partes.

Mientras tanto, como Chomsky llevaba tiempo pronosticando, Moscú ha terminado por recurrir al «estilo de guerra» tradicional tanto en los ejércitos de EEUU y el Reino Unido, que consiste en atacar las infraestructuras que permiten el cabal funcionamiento de una sociedad.

Esos dos países occidentales, ambos «tradicionalmente guerreros», siguen instalados en la idea de que hay que debilitar a Rusia, por lo que las negociaciones con el Kremlin están totalmente descartadas.

El coste de la guerra es enorme para Ucrania, y los propios funcionarios de su Banco Central advierten de una huida masiva de ciudadanos que podrían llevarse consigo sus ahorros en la divisa local para cambiarlos fuera por euros o dólares, lo que haría que se derrumbase esa moneda.

Para el autor de Los Guardianes de la Libertad, entre más de un centenar de libros sobre lingüística, medios de comunicación y política, el relato occidental de que se está librando un «combate cósmico» entre democracias y autocracias provoca risas al margen de los círculos intelectuales europeos porque la gente no está ciega y tiene sus propias experiencias.

Lo mismo ocurre con los supuestos planes de Putin de conquistar toda Europa e ir incluso más allá, algo que no cuadra con el hecho de que quienes tratan así de asustarnos con esa amenaza se burlen al mismo tiempo de la incapacidad del Ejército ruso de ocupar ciudades de Ucrania muy próximas a sus fronteras.

Chomsky no excluye la posibilidad de guerra nuclear si continúa indefinidamente, como él teme, la escalada militar, sobre todo ahora, con la entrega a Ucrania por EEUU de misiles antiaéreos Patriot.

El manejo de esos misiles exige un nutrido grupo de especialistas, alrededor de ochenta, así que habrá también en suelo instructores estadounidenses. Y ¿qué ocurrirá, se pregunta Chomsky, si en un eventual ataque ruso, muere alguno?

La guerra de Ucrania no sólo desgasta a Rusia mientras destruye al país invadido, sino que está provocando al mismo tiempo, denuncia aquél, graves hambrunas en el mundo en desarrollo debido a los problemas con los suministros de cereales y fertilizantes desde la región del Mar Negro.

También daña ese segundo conflicto en suelo europeo tras el de Yugoslavia a todo el continente, sobre todo a su sistema industrial, con fuerte base en Alemania, y está por ver, dice Chomsky, si los europeos aceptarán su propio declive por la «sumisión» a Washington.

El casi centenario ex profesor del Instituto de Tecnología de Massachusetts critica asimismo la que califica de «virtual declaración» de guerra del presidente Joe Biden a Pekín, con sus sanciones a la exportación por cualquier país a China de productos en los que se haya empleado tecnología estadounidense.

No está claro, dice Chomsky, que los europeos, muchos de los cuales tienen importantes vínculos comerciales con China, vayan a soportar el coste enorme que supondrán los intentos de Washington de entorpecer el desarrollo económico de ese país asiático.

(1) Declaraciones publicadas por el portal digital estadounidense Truthout.

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