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Alberto Lemus

Hikikomori navideño

Hikikomori navideño

No hay época que evidencie con mayor rotundidad nuestras carencias y fortalezas como la Navidad. Cada pequeño o gran problema, cada ausencia o enfrentamiento cobran importancia capital en estas fechas. Los amantes de los animales, quienes odian el materialismo, los aficionados a la tecnología, los veganos y alérgicos… Es como si todos encontrásemos ese momento idóneo para que se hable de nuestro libro. Hoy me fijo en quienes presentan el síndrome Hikikomori, conocido también como retirada.

Bautizado así en 1998 por el psicólogo japonés Tamaki Saitō, en el libro Hikikomori: Adolescencia sin Final, que describe un tipo de conducta que se puso de manifiesto y cobró cierta notoriedad al definir a aquellas personas que más cómodas se sintieron durante el confinamiento, característico de quienes rehúyen todo contacto con la sociedad. Se considera que se presenta de forma gradual, durante la adolescencia, y puede derivar en que el sujeto no llegue a salir de su habitación durante años. En Japón afecta a más de un millón de jóvenes, una décima parte de este segmento de la población. En España recibe el nombre de síndrome de la puerta cerrada y todavía carece de entidad propia, asociado a otro tipo de patologías.

Esta forma de encierro voluntario está muy lejos de ser exclusiva de la juventud. Se presenta en quienes optan por quedarse en su casa, que no tienen interés en relacionarse con su entorno, y que se alejan de todo tipo de interacción personal, amigos y familiares incluidos, terminando con el abandono del trabajo o los estudios. Los estudios publicados sobre el tema señalan que los Hikikomori suelen optar por la solución más segura a las responsabilidades, aunque no lo comuniquen abiertamente. Se refugian en el contexto que controlan, absteniéndose de toda interacción con el entorno, reducida al mínimo indispensable. Dotadas de una alta sensibilidad y profunda inteligencia, conectan con el mundo que les rodea a través de las nuevas tecnologías de la información, sin abandonar la famosa zona de confort, un concepto cada vez más cuestionado. En ella tienen los elementos esenciales para sobrellevar su existencia sin relacionarse con el mundo: Vivienda, energía, agua potable y alimentación.

Es propio justamente de aquellos estratos de la sociedad sin carencias materiales, reticentes a la actual costumbre de homogeneizar a los sujetos sin más, como miembros de un colectivo en el que apenas importan las características individuales de cada uno, sus carencias afectivas o sus problemas para relacionarse con los demás. En otras palabras, el encierro propio de muchos adolescentes, de no ser tratado de forma adecuada, puede degenerar en Hikikomori.

Un síndrome de sociedades acomodadas analizado cuando se pone de manifiesto la soledad no deseada con la que tanta gente vive la Navidad. Según la última encuesta de hogares en España, casi cinco millones de personas viven solas, no solo mayores, también quienes sufren enfermedades crónicas, movilidad reducida y pocos recursos económicos. Un Hikikomori navideño en toda regla que nada tiene que ver con la ansiada soledad buscada.

Estos días son muy duros para quienes se sienten condenados a la soledad, pues todos los estímulos externos no hacen más que hablarnos de fiestas y de la felicidad. A ti que sientes Hikikomori navideño, tómate tu tiempo, busca tu espacio y entiende tu realidad. Todas nuestras emociones tienen su razón de ser, aunque no siempre las comprendamos o nos parezcan desagradables. Observa tu entorno y disfruta de lo que tienes, aunque no sea relacionado con la Navidad, que es pasajera y dará paso a la normalidad en muy pocos días. Llama a esa persona con la que tienes ganas de hablar y que lo mismo también está atravesando una situación difícil, aprovecha para hacer cosas que no sean cantar villancicos, consumir o atiborrarte a comida y, sobre todo, crea tus propios nuevos recuerdos: La Navidad que estás viviendo hoy es posible que tenga cosas hermosas que recordaremos mañana.

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