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Joaquín Rábago

Una visita al servicio de la escalada militar en Ucrania

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski Ukraine Presidency/ZUMA Press Wi / DPA

La visita a la capital norteamericana del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, la primera que realiza al extranjero desde que comenzó la invasión rusa, sólo puede contribuir a la peligrosa escalada militar en esa guerra en suelo europeo.

Washington es sin lugar a dudas quien lleva la voz cantante en el conflicto mientras que a los aliados les corresponde solo un papel subalterno, y Zelenski, agradecido a Washington, lo ha querido dejar claro por si hiciera alguna falta.

El presidente de EEUU, Joe Biden, a quien cuando era todavía solo vicepresidente, su entonces jefe, Barack Obama, llamaba ya «míster Ucrania» por su implicación en ese país, le ha prometido al visitante un paquete de ayuda de 45.000 millones de dólares.

Con la propina de otros 2.000 millones para proyectiles de precisión y la puesta en marcha de los misiles tierra-aire de largo alcance Patriot, que fabrica la empresa estadounidense Raytheon.

El político demócrata ha querido sin duda adelantarse al cambio de mayoría el mes próximo en la Cámara de Representantes cuando asuman su control los republicanos, muchos de ellos menos entusiastas de tan masiva ayuda militar y económica a Ucrania.

Pese a la intensa propaganda oficial y de la OTAN, a la mayoría de los norteamericanos, la guerra de Ucrania les queda lejos, y solo les preocuparía si hubiese allí muertos de su país como ocurrió en otras guerras de EEUU, pero ese no es el caso.

Mientras tanto, los Gobiernos europeos parecen sentirse felices con la visita del presidente ucraniano a la capital del imperio y se congratulan de estar todos ellos, al igual que Ucrania, en el lado bueno de la historia: el de las democracias.

Todo ello sin que parezca importarle lo más mínimo el que Europa haya perdido en esa guerra una ocasión de hacer una política propia, independiente de la de Washington, y más ajustada a sus intereses geopolíticos que coinciden necesariamente con los de Washington.

Por si faltara algo, la ex canciller federal Angela Merkel ha confesado a la prensa alemana que los acuerdos europeos de Minsk, que pretendían evitar la guerra, fueron solo un hábil truco para darle tiempo a Ucrania a rearmarse y poder resistir una posible invasión rusa, sorprendente revelación de la que apenas se han ocupado los medios.

Europa ha vuelto en cualquier caso a demostrar en este desgraciado conflicto su propia impotencia, su pusilanimidad y su dependencia tanto psicológica y política de Washington, como critica, entre otros, el conocido historiador italiano Angelo d´ Orsi.

En opinión de ese profesor de la Università degli Studi, de Turín, el problema es que no hay una identidad, ni una política europeas, sino tan solo un espacio común.

La guerra de Ucrania ha certificado, por si todavía hiciera falta, el fracaso de un continente subordinado siempre a la superpotencia.

Pero hay algo que preocupa más a ese septuagenario historiador, según confiesa, que cualquier éxito en el campo de batalla, y es el peligro de «demonización y borrado del mundo ruso».

Es decir, la expulsión no ya solo de Ucrania, como quiere Zelenski, sino de todo el continente, de una cultura que tanto ha contribuido con sus grandes músicos, escritores y científicos a la rica identidad europea.

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