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Jorge Bethencourt

EL RECORTE

Jorge Bethencourt

Sabiduría popular

La patronal del transporte se opone al paro convocado por Plataforma

La única manera socialmente aceptable de hacerse millonario en este país no es fundar una empresa que venda batas de felpa y convertirla en un imperio mundial de la moda. Eso, aquí, se llama robar. Es tener miles de trabajadores y hacerse rico con las plusvalías del sudor de los proletarios unidos, que siempre son vencidos.

La única forma decente de hacerse con pasta es sacarse la Lotería. O la Bonoloto. O el Euromillón. Que es con lo que sueña la gente. Las únicas excepciones a esta riqueza sobrevenida a través de la suerte es la de los jugadores de fútbol; los modernos gladiadores que cobran un pastizal por ir en pantalones cortos dándole patadas a una pelota y haciendo anuncios de espumas y maquinillas de afeitar.

En España no existe una cultura del reconocimiento al talento, al mérito o al esfuerzo. Los sueños húmedos de la mayoría de la gente para sí mismos o sus hijos se basan en conseguir un puesto de funcionario, porque se entiende que una vez logrado ya se pueden tirar a la bartola. Lo que parece una demostración empírica de lo que piensa la sociedad sobre las administraciones públicas: un lugar donde se cobra mucho y no se da un palo al agua.

A pesar de este clima desfavorable, cada año hay miles de jóvenes que deciden emprender una aventura empresarial, navegando contra viento y marea, dificultades burocráticas y zancadillas varias. Sin embargo, el saldo de empresas –las que nacen por las que mueren– este año ha sido desfavorable. Hay más defunciones que nacimientos. Y resulta una tragedia, porque la única forma de conseguir que las sociedades sean cada vez más ricas se basa en la existencia de un próspero tejido productivo.

Canarias está a la cola en renta disponible por persona: poco más de 12.400 euros. Somos los últimos de este país, también en eso, lo que explica que tengamos trescientas sesenta mil personas al borde del precipicio de la pobreza. La productividad de esta región da risa. Nuestras exportaciones son escasas y si podemos pagar lo que importamos es gracias a los millones de guiris, que nos dejan cada año entre catorce y dieciséis mil millones de euros.

Los políticos canarios presumen del empleo que se ha creado en los últimos años. Pero siete de cada diez empleos han sido contratados en el sector público. O sea, salarios vía impuestos. Y se contabilizan como trabajadores a más de veinte mil fijos discontinuos, que no están trabajando pero a los que ya se no incluye en las estadísticas. Con dos millones trescientos mil habitantes, tenemos unos 860.000 afiliados a la Seguridad Social, de los que 180.000 son empleados en las administraciones publicas. Y hay más de medio millón de pensionistas (347.000 jubilados, 42.000 pensiones no contributivas y 105.000 prestaciones por desempleo, entre otras). Y encima hay quien celebra estos datos con champán francés.

Trabajando no te haces rico. Incluso puedes llegar a malvivir. Y ser empresario está mal visto. Por eso la gente sabe que lo mejor es sacarse la lotería. O que un cuñado te meta a trabajar en el sector público. Es la sabiduría popular.

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