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ALGO ASÍ

No, no y no

Concierto de Navidad del Puerto de Santa Cruz de Tenerife. María Pisaca

«No te lo puedo creer, ya, tú ves, como todo pasa en esta vida…» es una estrofa de mucho éxito que cantó el famoso trío Los Panchos, y que podría aplicarse a la ley del solo sí es sí. Aunque mi comentario de hoy no va por esos derroteros, sí tengo cosas que añadir a algunas opiniones con las que coincido. Esta Ley y otras están perjudicando la libertad sexual y en vez de proteger parece que incitan a la promiscuidad, como ocurre con la Ley del Aborto, dónde se promueve que la juventud sea más libre en el uso de su cuerpo y menos en protegerlo, permitiendo que una niña de 16 años pueda abortar sin la presencia y permiso de sus padres, cuando la Constitución dice claramente que la mayoría de edad es a los 18. Está claro que soy más cándido que progresista, pero prefiero guiarme por los valores que me inculcaron.

Hoy quiero hacer hincapié en la Navidad, a propósito de un comentario que leí el pasado 12 de diciembre en este periódico, firmado por una psicóloga y titulado: Navidad: Felicidad y tristeza. Sus consideraciones y recomendaciones son muy acertadas para la sociedad actual y, es verdad que es una época agridulce, pero no puedo estar de acuerdo con su recomendación de considerarla una etapa más del año. Pese a quien le pese se celebra el nacimiento de nuestro señor Jesucristo, es una fiesta religiosa y tiene la misma importancia que otras.

La Europa de los Pueblos, la que trajo al Mundo el Cristianismo y la cultura y consiguió, mediante el Tratado de Roma, hermandad, solidaridad y unidad gracias a políticos con gran altura de miras, vive hoy de espaldas de Dios. Lamentablemente ahora se dan muchas más facilidades a otras religiones y muy pocas a la Iglesia Católica. Si me vecina de página fue bautizada, hizo la primera comunión y se ha casado por la Iglesia, deduzco que debe ser creyente y que ha seguido las directrices de sus padres, ellos de los suyos y así sucesivamente como hice yo. Si no es así lo respeto, pero no cambia que sigue siendo una fiesta religiosa.

He tenido la suerte de visitar Tierra Santa, la Basílica donde está el pesebre donde nació Jesucristo, el Monte de los Olivos, El Calvario y la Iglesia donde se encuentra el Santo Sepulcro. Se te pone la piel de gallina. Unos lloran amargamente, a otros se les ponen los ojos acuosos, pero nadie queda insensible ante la sensación que se respira en el lugar. Más de setecientos millones de personas católicas no pueden estar equivocadas y la Navidad es el día más grande e importante cada año, así que es injusto recomendarlo como otro día más.

Sí que tiene razón sobre el consumismo desmesurado actual. En los lugares santos también venden baratijas y los comerciantes hacen su agosto, igual que en las Iglesias en España donde se venden estampas, crucifijos y rosarios bisutería. Eso no impide en absoluto tener Fe, Esperanza y Caridad. Allí conviven cuatro religiones y curiosamente no están enfrentadas, aunque Jerusalén siga siendo un objetivo sobre el que todos quieren mandar, sencillamente porque es la capital del Mundo Cristiano.

Tras hacer la Primera Comunión con menos de 10 años, he asistido a misa todos los domingos y fiestas de guardar desde entonces. Ahora, a mi pesar y por la edad debo ausentarme, pero no quita que cada vez que puedo me acerco ver a nuestra Patrona La Virgen de Candelaria. Aquel día que iba arregladito y limpito para la ocasión, recuerdo que había tres sacerdotes en la iglesia pertenecientes a Misioneros Españoles en Nicaragua. Hablaron de bondad, misericordia, sufrimiento, penalidades y mucho dolor con sinceridad y a corazón abierto. Contaron su experiencia en el triste lugar en el que practicaban su misión, celebrando cada cristiano que conseguían como si fuera una victoria para la humanidad. Junto a otros convirtieron aquella América Latina a la Fe Católica, por eso siempre tenían presente el nacimiento de nuestro señor y así lo trasladaron a los comulgantes, padres y familiares. Fue un día muy bonito.

Como creyente, la Navidad siempre será la festividad más grande y hermosa de nuestra vida, por lo que deseo salud, prosperidad y amor. Con Dios.

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