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Francisco Pomares

Deportividad

Marruecos - España | La ocasión de Marco Asensio EFE

En el deporte, sobre todo en el deporte de competición, de la excelencia a la derrota sólo hay una distancia mínima. En muchos casos la que separa la suerte de la mala suerte, que viene a ser la misma distancia que separa las dos caras de una moneda lanzada al vuelo. A España le cortaron ayer las ilusiones de cuajo, con un partido perdido no porque la Selección jugara peor que la otra –la de Marruecos–, sino porque el fútbol es así, como la vida, impredecible. Una ilusión –la de centenares de miles de aficionados españoles– ha sido sustituida por otra –la de millones de marroquís, en un país aún más necesitado de victorias que el nuestro– y la vida sigue igual en la mayor parte de sus afanes. A nadie le gusta el fracaso, pero aprender a fracasar y a aceptar el fracaso es también una forma de aprender a vivir. Ahora lo que nos hace falta es deportividad para asumir la baraka de los que han ganado.

Deportividad. Leo las palabras del presidente Torres sobre la decisión del Gobierno de España de adjudicar la sede de la Agencia Espacial Española a Sevilla, y me gusta lo que dice: que hay que asumir la derrota con deportividad, que no se puede uno instalar en el victimismo, que es difícil ser el elegido cuando se presentan 21 candidaturas. Es cierto, y me gusta que Torres apele a la deportividad. Reconozco el valor pedagógico de sus argumentos, y confió en que sea sincero como parece serlo, que su petición de asumir el fracaso sea el resultado de la convicción de que el Gobierno de su colega Sánchez ha actuado en base a criterios estrictamente técnicos. No veo motivos para que tras la elección de Sevilla, gobernada por el PSOE como principal resto de la debacle socialista en Andalucía, exista la voluntad de congraciarse con los sevillanos o premiar a los compañeros de partido. Seguro que han ganado en buena lid, seguro que Sevilla merecía más este empujón de lo que lo merecía Las Palmas de Gran Canaria y otras 19 ciudades candidatas. Torres está deportivamente seguro de que la decisión del Gobierno «no ha sido política», no ha respondido al interés de Sánchez o del PSOE, sino que ha sido el resultado de «la deliberación del comité de expertos». También me gusta que Torres nos recuerde que en Canarias se hizo el trabajo «de la mejor manera posible», y que lo importante es precisamente eso. Resulta muy aleccionador, como también lo es su advertencia a quienes no sean deportivos e intenten buscar agravios en la decisión favorable a Sevilla: «Esto no nos frustra, lo que frustra a Canarias es estar siempre con el lloriqueo y la queja de que no caminamos, de que no somos capaces, de que no lideramos». Porque «aquí, lo importante es hacer bien el trabajo y reconocerlo con deportividad», nos dice Torres antes de lanzar un aviso a quienes buscan agravios. «Esto no nos frustra, lo que frustra a Canarias es estar siempre con el lloriqueo y la queja de que no caminamos, de que no somos capaces, o de que no lideramos». Tiene toda la razón. Deportividad. Y también nos hace falta un pizco de deportividad para aceptar que Tenerife no se convierta en sede de la Agencia para la Gestión de la Inteligencia Artificial, a la que aspiraba. Se ubicará en La Coruña, otra ciudad donde gobierna una alcaldesa socialista, otra isla municipal en un mar de voto conservador. Pero los motivos han sido también técnicos, por supuesto, y el presidente Torres se congratula de que todas las decisiones del Gobierno sean deportivas, técnicas, que nadie dude o se sienta ninguneado, que nadie piense que tras estas decisiones hay motivos políticos, porque lo que hay son comisiones de expertos que son las que deciden libremente sin injerencias deportivas de nadie: «Yo soy deportivo, nosotros hemos hecho el trabajo, hemos defendido nuestras candidaturas, pero si técnicamente otras tienen puntuación que están por delante tenemos que aceptarlo».

Y además, nos recuerda Torres, lo de verdad importante es que el Gobierno Sánchez haya optado por la descentralización administrativa y haya repartido sedes fuera de Madrid –una ciudad, por cierto, en la que el PSOE no gobierna–, y que –además– no se nos puede olvidar que el Gobierno ya cumplió con Canarias. Lo hizo después de que Sánchez, en una visita volcánica a La Palma, se comprometiera a que la isla fuera la sede del Centro Nacional de Vulcanología «porque tenía toda la lógica».

Sin duda la tenía, y luego, muy deportivamente, los técnicos y las comisiones de expertos fueron exactamente de la misma opinión. xx

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