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El vaso

El vaso nos mira sin pedir nada a cambio. Nos engaña con su fragilidad impostada de cristal duro. Se adapta a nosotros si queremos agua, tequila, una infusión o mirarlo vacío. El vaso no protesta si lo llevamos a chocar contra otro queriendo brindar. Contiene felicidad o veneno y solo por nuestra torpeza, si lo tiramos, se nos cae o lo matratamos, es capaz de romperse y de herirnos, haciendo brotar mansamente una sangre en un dedo que nos recuerde nuestra fragilidad. Y que no tenemos nada más que cinco. Dedos, no vasos. Antaño se guardaban copas y vasos elegantes para ponérselo a las visitas, ahora hay vasos de usar y tirar, de beber y tirar, vasos de colores, altos y bajos, gordos o flacos que están para el uso del criado y la señora, del niño y el perro, la niña y el abuelo.

Los vasos de chupito son las jarras de los liliputienses. La copa de vino es un vaso que ha engordado y se apoya ahora sobre una sola pierna para parecer más esbelto y elegante. El vaso de tubo está triste y arrinconado en un bar desde los años noventa. Un vaso de vino hace camino, pero más camino hace una buena tortilla de Betanzos con una cerveza, tras lo cual no es descartable una siesta que deje para mañana el camino.

Vaso a vaso, verso a verso se hace un poema a la sed, al agua o a la finitud de la existencia, cuestión metafísica que algunos sobrellevan mejor dándole al vaso desde temprano. A veces conviene dar un vaso al frente. Ceda el vaso para no colisionar contra el siguiente bebedor. A la parte de la piscina que ocupa el agua se le llama vaso, voy a darme un chapuzón en el vaso, pero los que tienen piscina prefieren decir piscina que suena más a piscina o tal vez suene más refrescante o de más nivel. El vaso se niega a sí mismo en el diccionario: la segunda acepción remite a la primera pero aclara que no sirve para beber. Ejemplo: vaso de laboratorio. El vaso para lápices no pinta nada en este artículo. A la gota que colma el vaso no la he traído a esta columna porque está de juerga con otras gotas y tendrán montado un goterío colosal que me iba a mojar mucho la prosa. Tampoco era plan de traerla a un homenaje al vaso, que ya saben que lo pone de los nervios. Lo irrita. Lo colma. No es precisamente vasodilatadora.

Qué hacen los vasos cuando nadie los ve. Un vaso al año no hace apaño. En el vaso de leche que nos daba nuestra madre está la cósmica definición del amor verdadero y desinteresado. A veces nos permitíamos rechazarlo. Ignorantes de la cantidad de vasos, llenos de tragos amargos, que nos aguardaban. Así es la vida a veces. A vasos.

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