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Francisco Pomares

Piropos

Ana Oramas en el Congreso Efe

No sé si Ana Oramas se habrá recuperado del susto. La cosa es que Pedro Sánchez le dedicó un par de piropos en el último pleno del Congreso, así como a modo de cordial despedida, respondiendo a la que fue la última pregunta de la diputada al presidente. Sánchez calificó el trabajo parlamentario de la nacionalista de «extraordinaria labor» y dijo que quería reconocer con sus palabras esa labor para que «conste en actas».

Sánchez probablemente ha aplicado el viejo dicho de que «a enemigo que huye puente de plata», o quizá se dejara arrastrar por un momento de humanidad al despedirse de una mujer que lleva 15 años en Las Cortes y ha logrado ganarse fama de trabajadora, no sectaria e independiente, llegando a desobedecer las instrucciones de su partido en alguna votación con trasfondo ideológico, como la participación de Podemos en el Gobierno, a la que Oramas se opuso, a pesar de lo que le pidió su partido.

La cosa es que esta inesperada cortesía de Sánchez con la diputada se produce en el contexto del apoyo nacionalista a los Presupuestos Generales del Estado para 2023, y eso ha disparado la rumorología y las interpretaciones sobre la posibilidad de un acercamiento entre el PSOE y Coalición que permita materializar un acuerdo entre ambos partidos tras las próximas elecciones regionales.

Es cierto que Oramas se presenta en las elecciones, encabezando la candidatura de Coalición al Parlamento por la isla de Tenerife, en un momento en el que Fernando Clavijo, candidato ya proclamado a la Presidencia del Gobierno, puede llegar a enfrentarse a una segunda edición del calvario judicial que supuso el caso Grúas: el caso Reparos, orquestado por los mismos políticos que montaron la primera edición. En ese marco judicial, con Fernando Clavijo corriendo el riesgo de verse de nuevo en una situación complicada, es como se entiende la presencia de Oramas en las listas, en la que la exalcaldesa lagunera probablemente habría preferido no tener que estar. Dejar la corte y asumirlo es el último servicio que Oramas presta a su partido.

Las próximas elecciones van a ser singularmente reñidas: al margen de los vaivenes políticos nacionales, y al contrario de lo que ha profetizado con cierta soberbia y escasa ciencia el sociobarómetro de Román Rodríguez, la mayoría de los sondeos vaticinan un retroceso de los partidos del pacto de las flores, que haría inviable la repetición del actual Gobierno. En ese caso, las posibilidades parecen solo dos: o un gobierno de derechas –difícil de fundamentar para Coalición si requiere de la participación de Vox-, o uno en el que el PSOE y Coalición se pongan de acuerdo.

Personalmente, siempre he defendido que esa última opción funciona mejor y encaja más con la sociología moderada de las islas que un Gobierno de izquierdas o uno de derechas, pero no será mi opinión, ni la de Pedro Sánchez o Ángel Víctor Torres, ni tampoco la de Ana Oramas o Fernando Clavijo la que decida el próximo pacto. Será la matemática electoral, y esta vez resultarán también determinantes los resultados de las elecciones locales. El próximo Gobierno no se decidirá solo por los resultados en el Parlamento regional, influirá –y mucho– lo que haya ocurrido en ayuntamientos y cabildos. Coalición Canaria fue desalojada del poder en las islas de una forma sistemática en todos los lugares en los que no obtuvo mayoría absoluta, y ahora sus dirigentes harán todo lo posible por recuperar poder político municipal y en los cabildos, porque eso es lo que demandan los afiliados y cargos intermedios.

Pedro Sánchez puede deshacerse en piropos a Oramas, a Clavijo o al sursuncorda, que eso no va a tener un efecto determinante en los pactos del futuro, suponiendo que la izquierda no logre mayoría suficiente para volver a editar el pacto de las flores. Lo que va a tenerlo en ese caso, si el Gobierno depende de Coalición, es cuántos cabildos y ayuntamientos se recuperan con un pacto con el PSOE y cuántos se recuperan con un pacto por la derecha.

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