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Juan Gaitán

Un folio en blanco

Un folio en blanco

Todas las revoluciones tienen sus símbolos. Con ellos se identifican los revolucionarios y también por ellos se les identifica. Han sido muchos a lo largo de la historia. Por no ir demasiado atrás recordaré que durante la Segunda Guerra Mundial la BBC ideó la «V de victoria» para unir a los aliados, símbolo que luego sería usado en la primavera árabe. Y en alguna de las frecuentes revueltas en Bangkok se ha empleado el saludo de los tres dedos que aluden a «libertad, igualdad, fraternidad», el lema de la Revolución Francesa.

También se han utilizado como símbolo los paraguas (Hong Kong) y las cacerolas, que sonaron contra el famoso corralito que sufrieron los argentinos. Y quién no recuerda los claveles del 25 de abril de 1974, alzados contra el régimen de Antonio Oliveira Salazar en Portugal. Este símbolo, acaso el más hermoso, sucedió por azar, cuando a la joven Celeste Cairo un soldado le pidió un cigarrillo y ella le entregó lo único que tenía, un clavel. Y acaso, también, una sonrisa y una esperanza.

Ahora, China se alza sobre un folio en blanco, convirtiéndolo en símbolo del ansia de libertad de un pueblo largamente sometido. Hartos de ser encarcelados y torturados por cualquier cosa, hartos de no poder abrir la boca, los chinos han elegido el simbólico folio en blanco que nada dice y todo lo expresa.

Un folio en blanco para cambiar la historia. Un folio en blanco para dibujar la libertad. Un folio en blanco para trazar la ruta hacia el futuro. Un folio en blanco para un poema, para una canción, para llenarlo de vida. Un folio en blanco que porte en su blancura la vida que todo el mundo merece. Un folio en blanco para el único deseo que pedir al genio de la lámpara, que nadie nunca, jamás, vuelva a sufrir en este mundo. Un folio en blanco en el que escribir la promesa, el consuelo, la ilusión y la expectativa. Un folio en blanco en el que poner el aliento, el ánimo y la alegría, siempre la alegría. Un folio en blanco como un clavel, rivalizando con él en belleza, en simbolismo, en inmensidad. Un folio que contenga el mar, y la ola, y todos los pájaros y todos los vuelos. Un folio en blanco como una cometa, como un silencio atronador, como una oración a todos los dioses y a ninguno. Un folio en blanco como una caricia, como una nana para dormir a un niño, un folio en blanco como un sueño.

Dicen los expertos que nunca estuvo más cerca el fin del mundo y quizás esta vez tengan razón. Pero de pronto, ante ese temor, ante esa amenaza, ante este mundo al borde del derrumbe, desde China llega un folio en blanco para recordarnos que el destino siempre está por escribirse.

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