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Mary Cejudo

aquí una opinión

Mary Cejudo

25 años de nuestra Unidad de Cuidados Paliativos

Los profesionales asisten al acto conmemorativo del 25 aniversario de Cuidados Paliativos. | | E.D. El Día

Los cuidados paliativos son una modalidad de la atención sanitaria centrada en la mejora de la calidad de vida de las personas con enfermedades avanzadas con alta mortalidad y, especialmente, las que están cercanas al final de la vida.

Hace unos días, tuvo lugar una sencilla conmemoración de los 25 años de existencia de la Unidad de Cuidados Paliativos. Se proyectó un video narrado por su jefe, el Dr. Miguel Ángel Benítez, referido a la historia de este servicio que continúa ubicado en el Hospital de Ofra y donde disponen de una planta con habitaciones individuales, posibilidad de acompañamiento de familiares e ingresos directos desde domicilio o consultas y continuos cambios siempre en busca de mejoras.

Han pasado de Sección a Servicio, lo que dice de su calidad humana y profesional, al no existir en este país ninguna unidad similar con semejante rango.

Mientras escuchaba, con interés, el reflejo de este cuarto de siglo rodeada de muchos de los que alivian el sufrimiento con sus intervenciones multidisciplinares en este imprescindible soporte sanitario y porque sé de lo que se hablaba y de la verdad de cada una de sus palabras, recordaba lo leído sobre los 5 conciertos beethovenianos para piano por la similitud entre esas obras magnas, de las que, se dice, son temas confiados a la orquesta pero donde el piano sirve de apoyo, con estos Cuidados Paliativos: un jefe apoyando la labor de un magnífico grupo en el que, todos los que le conocemos, confiamos. Sobresalientes en todo, en atención, en cercanía, en empatía…

Como es difícil explicar ciertos sentimientos, para reflejarles la realidad de esta Unidad, permítanme contarles una experiencia: un día, durante mi turno como voluntaria de la Asociación Española Contra el Cáncer, me pidieron que acompañase, un ratito, a un paciente hasta el jardín que rodea el edificio. Cuando me disponía a empujar la silla de ruedas, me susurraron “si fuma, déjale”. De modo que, llegamos a la puerta de acceso al jardín, el enfermo sacó su cigarro, lo encendió y le fue dando chupaditas sin aparente interés por pensar, como si por su mente pasasen solo imágenes que dejaba flotar a la deriva, mientras miraba con cercano placer la palmera que, desde allí, parecía tocar el cielo. Me senté a su lado y allí estuvimos los dos, tranquilos, mirando ese momento fortuito que nos regalaba el destino ¿Entienden lo que les quiero explicar? Era Beethoven en estado puro…

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