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Jorge Bethencourt

El Recorte

Jorge Bethencourt

Esto es lo que hay

Una de las guaguas que forman el servicio urbano en Santa Cruz.

El gran logro de conseguir que las guaguas sean gratis en Canarias a partir del primero de enero ha mostrado, en todo su esplendor, las miserias de los discursos políticos.

Hay responsables públicos —a decenas— que llevan décadas hablando de la necesidad de utilizar los transportes colectivos y abandonar el coche privado, que causa atascos innecesarios y contamina mogollón. Son los que ahora se llevan las manos a la cabeza y aseguran que el transporte público no va a poder absorber la oleada de nuevos usuarios que se prevé para primeros de año. ¿En qué quedamos?

La misma medida se tomó en Península con los viajeros de trenes de cercanías y media distancia. Y se celebró como un logro social para las familias más vulnerables. No hubo nadie que asegurara que se produciría un colapso en los trenes y que la gente se saldría por las ventanillas. ¿Saben por qué? Porque la capacidad de los trenes para absorber nuevos viajeros es inmensamente superior a la de las guaguas. Porque las unidades disponibles para reforzar el transporte ferroviario son muchas más. Y porque en Peninsulandia, en materia de conectividad, están en este siglo y nosotros aún seguimos en el pasado.

Canarias sigue soportando un transporte aéreo en régimen de oligopolio que nos esquilma los bolsillos a pesar de estar subvencionados. No nos permiten un mercado aéreo libre, para que haya precios competitivos. Ni nos garantizan un precio intervenido y estable. Y hemos sido excluidos del transporte ferroviario que en el resto del Estado ha revolucionado las comunicaciones. Aquí seguimos extendiendo piche, corriendo siempre detrás de las colas infinitas y las subvenciones.

Las guaguas no son la solución. Pero es de justicia que sean gratis, como los trenes peninsulares. Y sin hacer trampas exigiendo a los viajeros unas condiciones que sean incapaces de cumplir.

La verdadera solución es la que ha adoptado el Cabildo de Gran Canaria que lleva adelante con enorme velocidad su proyecto de Tren al Sur de la isla. Verán ustedes cómo en pocos años el proyecto se convierte en realidad porque allí todos los partidos políticos están a favor, mientras que en Tenerife, qué raro, no. Podemos en Gran Canaria apuesta por el tren y está en contra en Tenerife. Tal vez porque aquí tenemos más viborinas, escarabajos y tabobos.

Tengo ya bastante claro que mi isla no tiene remedio. Que estamos condenados al congelador económico. Los empresarios están divididos, enfrentados en luchas cainitas y además afónicos. Los sindicatos han dejado de interesarse por las grandes estrategias de desarrollo y han perdido su empuje intelectual de antaño. Jamás hemos tenido una clase política con tanta mediocridad y tantísima cortedad de miras. Y por no dejar fuera a los míos, los medios de esta isla son tan medios que parecen cuartos. No hay ni un solo objetivo estratégico que seamos capaces de defender unidos. Esto es lo que hay. Y con eso no nos vamos a subir a la guagua del futuro ni aunque nos la dejen gratis.

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