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El logo de Lars Petter y la crisis del ‘modelo insular’

El logo de Lars Petter y la crisis del ‘modelo insular'

Comparto la visión del artista noruego Lars Petter Amundsen, que advierte con su elocuente logo o señal de ¡peligro por obras! la aventurada deriva del modelo territorial imperante en las islas, que él simboliza con un obrero paleando al Teide. Gráficamente censura el modelo de desarrollo por el que hemos apostado en Canarias, que ha cambiado la suerte del alegre «vivir aquí» por la añoranza del «haber vivido aquí». Para muchos una visión pesimista y romántica de la realidad, para otros una lectura pragmática y realista de lo que fueron y ya no son nuestras Islas Afortunadas.

Es verdad que hemos pasado épocas peores a la actual. Sin duda mucho peores, en las que en vez de importar foráneos exportábamos autóctonos, obligados a huir hacia la búsqueda de otros mundos mejores, a veces quimeras de infortunio y otras fuentes de prosperidad. Siempre ha sido así y es el binomio: miseria / bienestar el principal factor que activa y regula las migraciones humanas. Son muy pocos los que estando bien en su país se aventuran a dejar su tierra por capricho o espíritu aventurero. En estos casos, nunca los viajes son en pateras o veleros desvencijados.

A ese fenómeno, tan antiguo como la Humanidad, se ha sumado en los últimos tiempos el efecto del turismo de masas, convertido en una de las principales industrias que mueven la economía del «mundo avanzado», incitándolo a participar de un modelo cultural pobre, contagiado por el espíritu de la globalización, que apuesta por la lejanía como factor de calidad, estimulándonos a viajar a «paraísos perdidos» para disfrutar del encanto del «bajo coste» y del «todo incluido», estresados en los aeropuertos y por la congestión del tráfico en las autopistas. Es este el modelo que mueve masas, llena aviones y abarrota macrohoteles.

El turismo de masas es un turismo empobrecedor, para quienes lo practican y para quienes lo reciben: los primeros porque regresan a su hogar con la piel achicharrada, vacíos de cultura y con las mismas vivencias que hubiesen encontrado en el resort vecino; los segundos porque a cambio de explotar un modelo insostenible terminan perdiendo su identidad cultural y bienestar social, cuando no desplazados de su territorio y contexto laboral.

En Canarias, superada la etapa penosa y crítica de la posguerra, con la llegada de la democracia y la incorporación de España a la Unión Europea se alcanzó un nivel de desarrollo y bienestar social que hemos perdido. Pienso que hubo un periodo mejor, en el que se logró el deseado equilibrio entre natura, cultura y economía, preceptos del verdadero desarrollo sostenible, que presiden el espíritu de la Unesco para declarar un territorio Reserva de Biosfera, como lo son total o parcialmente todas las islas Canarias. Ese equilibrio en mi opinión se ha roto desde hace tiempo, porque no hemos sabido, querido o podido frenar el desarrollo urbanístico inherente tanto al sector turístico como residencial, que se retroalimentan por el acelerado incremento de la población y el descabellado planteamiento de seguir devorando suelo rústico para nuevos complejos hoteleros o residenciales, que demandan infraestructuras (puertos, aeropuertos, autopistas, trenes, circuitos, etc.) más propias de territorios continentales que insulares.

El problema es grave y urge solución, porque el tiempo se acaba. En las Canarias centrales y orientales hace mucho que se agotó. Y lejos de reconocerlo y tratar de remediarlo, seguimos narcotizados por el «éxito» de continuar creciendo de forma sostenida e insostenible. Aquí las palabras proscritas son parar (primero) y decrecer (después). No existen en el vocabulario de los empresarios desarrollistas ni de los políticos maquinadores.

Y frente a una situación que como mínimo exige el contrapeso de perspectivas diferentes, se ha llegado al extremo de que advertir la conveniencia de cumplir la legislación vigente o afrontar el reto de cambiar el modelo actual de desarrollo es calificado por el omnisciente y cáustico presidente de Fepeco de «pensamientos fatuos y actitudes corruptas». Bien dice el dicho: «piensa el ladrón que todos son de su condición». Pobres viborinas engullidas por las serpientes, con razón están tristes y más que se van a poner.

www.pedroluisperezdepaz

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