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Excepcionalidad cultural

Trabajador de la verdad y la belleza

La vida de Matías Padrón, en imágenes.

Su sabiduría era tan impresionante como el placer de compartirla en conversación amical. Matías Díaz Padrón, el investigador más respetado del mundo en pintura flamenca y española del Renacimiento y el Barroco, no era un científico celoso del silencio más allá de sus libros, conferencias o lecciones universitarias, sino un sabio entusiasta de la comunicación de sus hallazgos. Los amigos gozábamos especialmente de su confianza y con frecuencia le animábamos a compartir el trabajo que le ocupaba en aquel momento. Distinto era asimilar siquiera una parte de su discurso. Con una cultura sin límites, tenía la generosidad de considerarnos interlocutores válidos y su palabra sonaba sin reservas, como si aquella erudición y aquel entusiasmo estuviesen a nuestro alcance.

Venía con frecuencia a su Canarias natal. Herreño de nacimiento, estaba impregnado de la grandiosa belleza y el misterio de su Isla. Pero también de Gran Canaria y especialmente Las Palmas, donde había cursado el bachillerato. Nunca olvidó la enseñanza cultural y moral de uno de sus profesores, don Pedro Cullen, que citaba muchas veces con admiración y gratitud. Tampoco olvidó la «Iglesia cubana», un grupo de jóvenes intelectuales y artistas que practicaba el antifranquismo con humor y habilidad bastantes para soslayar la represión. De aquella «religión» me hablaba también el gran compositor y director Juan José Falcón Sanabria, con quien Matías vivió una íntima amistad. Escucharlos hablando y riendo de sus escaramuzas en tiempos de dictadura resultaba insuperable.

Pero el gran regalo era su compañía en un paseo por el Museo del Prado, del que fue durante años conservador jefe y autoridad máxima en la valoración de obras de arte conocidas o ignoradas hasta su descubrimiento. Por el saber y la agudeza de este herreño excepcional, volvieron a la luz grandes artistas de los siglos XVI y XVII que habían quedado sepultados con el paso del tiempo. A su asombroso número de libros, monografías y artículos, incluidas sus triunfantes polémicas sobre autorías y ubicaciones, debe la cultura del mundo un enriquecimiento excepcional.

Muchos de estos avances adquirieron forma tangible en su trabajo como director y después presidente de honor del Instituto Moll, una privilegiada iniciativa de Javier Moll de Miguel en el conjunto de sus inquietudes no vinculadas a la comunicación social. En esta esfera nacieron muchos de los estudios de Matías, libros espléndidamente publicados y ganadores de premios a la investigación y a la edición, presencias protagónicas en congresos europeos y conferencias en todos los ámbitos del arte. Lo que hasta ahora no cuajó, dicho sea con dolor pero sin culpa de Moll ni de Matías, es la aportación a Canarias de un museo de arte flamenco y español. Ojalá que aún no sea una idea desechada.

La energía, el trabajo, la inteligencia y la cultura de nuestro gran amigo fueron reconocidas dentro y fuera de España con premios, nombramientos y honores de muy alta estima. Ninguno de ellos le aportaba tanta felicidad como un paso adelante en el conocimiento y verificación de las obras y los datos sobre sus autores poco o nada conocidos, así como facetas novedosas de los genios de su área de trabajo. Rembrandt, Velázquez, Van Dick o Rubens no agotan sus investigaciones, pero son muchos más los que él ha sacado del olvido para situarlos en el lugar que merecen.

Y era implacable con los falsos tesoros o las solicitudes de tasación. Nunca olvidaré una cena en la que fui su invitado junto a una señora de la aristocracia madrileña. Ella pedía en todos los tonos la autentificación de una aparente pintura barroca que había heredado. Matías fue exquisito pero implacable en la negación de la autenticidad. Insistió ella muchas veces, pero desplegó él su autoridad para convencerla cortésmente de lo contrario. Acabó la propietaria dándose por vencida, y cuando quedamos solos no pude menos que expresar a Matías mi admiración por el refinamiento con que logró disuadir a una persona en apuros de ganar una fortuna con un falso.

No te olvidaremos, querido amigo. Sin duda estás en el paraíso de la belleza, recibido por los artistas a quienes entregaste tu vida, pero aquí dejas un vacío insuperable.

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