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Observatorio

Internet de los cuerpos

Internet de los cuerpos

El desarrollo de la tecnología no solo le ha dado al ser humano nuevas posibilidades científicas y biológicas para el estudio del cuerpo, sino que ha generado nuevas prioridades, nuevas capacidades y nuevos valores corporales como el rendimiento, el deporte, la salud, el juego o la estética.

Paralelamente, todos estos cambios han sido la consecuencia y el resultado del contexto del postmodernismo globalizado, donde se observa que las tendencias psicosociales tienden cada vez más al individualismo y a sus diferentes expresiones. El sociólogo Zygmunt Bauman hablaba de una sociedad líquida, donde los valores y las identidades que anteriormente habían sido sólidas se han sustituido por realidades diversas, nacidas de la experiencia personal.

Igualmente, en esta sociedad urbanita se llevará a cabo un giro en torno a la intersección de las personas con la tecnología y el espacio urbano. Las próximas interaciones urbanas centradas en las personas tendrán la oportunidad de convertirse en espacios de integración para los ecosistemas analógicos y digitales. Ciudades lúdicas y gamificadas.

Se está cimentando el inicio de un nuevo paradigma, hasta ahora relegado a las corrientes más futuristas de la ciencia ficción: las tecnologías utilizadas para alterar, digitalizar, mejorar o potenciar nuestros cuerpos. Estas nuevas ingenierías corporales unirán la salud, la biología y el entretenimiento en soluciones híbridas con aplicaciones que se irán desarrollando en paralelo.

Si la última década ha visto la creación de la interconectividad e integración con los objetos de la vida cotidiana a través de las tecnologías IoT, Internet de las Cosas (Internet of Things); las nuevas corrientes tecnohumanistas tienen como objetivo difuminar los límites físicos del cuerpo, integrando tecnologías en la raíz de nuestros mecanismos funcionales IoB, Internet de los Cuerpos (Internet of Bodies). Esto dará lugar a nuevas capacidades físicas, así como nuevas formas de existir en el plano virtual.

Los cambios radicales en las tecnologías de comunicación no solo amplían exponencialmente la exposición de los usuarios a nuevas corrientes y tendencias de expresión, conocimiento, identidad y de relación como factor que permite crear comunidad y compartir, sino que también trajeron consigo nuevas necesidades y nuevas maneras de consumir y de practicar deporte. Recientemente una Resolución del Parlamento Europeo ha aprobado un informe exhaustivo sobre la utilidad de los videojuegos y los esports o deportes electrónicos. Es interesante lo que destaca en el punto 34: «Reconoce el potencial de los videojuegos deportivos y los deportes virtuales para explorar nuevas formas de conexión con los aficionados y la creciente participación de jóvenes en actividades físicas».

La tecnología se crea y se adapta gradualmente a la comodidad y la ergonomía del cuerpo. Desde el teléfono al smartphone, la creación de dispositivos bluetooth que facilitan la movilidad, los accesorios que incentivan la vida activa, monitoreando indicadores de salud con podómetros y pulsómetros, la incorporación de nuevas tecnologías ópticas para capturar y compartir imágenes, son buenos ejemplos de ello.

La realidad virtual y el metaverso han multiplicado las posibilidades del cuerpo humano, no sólo en la manera en la que este se manifiesta, sino en cómo las tecnologías inmersivas afectan, mejoran o expanden las capacidades motrices, expresivas y creativas del cuerpo sin las limitaciones anatómicas del cuerpo natural-mecánico.

Empresas como la de Elon Musk, Neuralink, han experimentado con tecnología neuronal, colocando un chip en el cerebro o investigaciones recientes que han permitido colocar implantes de electrodos en la médula que estimulan los nervios y permiten a personas parapléjicas empezar a dar pasos.

Otros autores hablan ya de la piel inteligente, un tejido impreso que rastrea la salud o realizar una actividad física tan simple como abrir una puerta.

Nos encontramos, por tanto, tan solo ante el preámbulo de las primeras tendencias transhumanistas, cuyas ramificaciones socioculturales solo se harán evidentes conforme se desarrollen y regulen nuevas tecnologías.

Si las tecnologías IoT han sido el paradigma de la era cibernética, conectando objetos y accesorios tecnológicos y mejorando las capacidades de utilización e interacción con el usuario, los inicios de las corrientes tecnohumanistas comienzan en el momento en el que esta misma filosofía de interconexión entra dentro de los límites del cuerpo, ya sea para monitorear y almacenar información sobre nuestra salud o para alterar y transformar las funciones de nuestro cuerpo. El debate por tanto adquiere una dimensión antropológica y ética que, sin duda, transformará por completo nuestra concepción del cuerpo.

Entre los accesorios de salud podemos observar las primeras tecnologías disruptivas que se están utilizando para mejorar la exactitud de los diagnósticos médicos o el funcionamiento de las funciones corporales, desde órganos artificiales hasta infusores de medicamentos o pastillas digitales, que monitorean la respuesta del cuerpo a la medicación. Las tecnologías de consumo incluyen implantes cerebrales para controlar aparatos electrónicos, lentillas de realidad aumentada o ropa smart, que monitorea y regula la temperatura corporal.

Viendo el precedente tecnológico de las últimas décadas, no debería sorprender que el ser humano pueda conectar dispositivos tecnológicos a su propio cuerpo. A nuestra mente vienen casos arquetípicos de este tipo de integración cuando pensamos en un marcapasos o en una prótesis. Todo un hito de la medicina y la biotecnología. Actualmente, tanto las pulseras cuantificadoras (destinadas completamente al seguimiento físico) como los smartwatches (muchos de ellos con una clara vertiente hacia actividades deportivas) son elementos de uso cotidiano de muchas personas a la hora de ir al gimnasio, de realizar una ruta en bicicleta o de salir a correr. Estos elementos no solo permiten llevar un mayor control de qué y cómo se realiza el ejercicio físico, sino que también poseen un componente motivador para fijar nuevas metas e intentar conseguirlas en un periodo concreto de una manera simple y atractiva. Las prótesis permitirán hacer determinadas tareas e igualmente adquirir más potencia y fuerza adicional organizándose juegos biónicos.

El IoB, al tener un componente generalmente más invasivo y radicalmente transformador, genera muchos dilemas éticos, especialmente en su integración con la inteligencia artificial, su seguridad, sus implicaciones socioeconómicas y el poder de los macrodatos, lo cual se evidencia en que gran parte de la literatura en este campo se haya centrado en intentar equilibrar la balanza entre el fatalismo distópico y la utopía transhumana.

Vivimos en un espacio donde primero es el hecho y luego el derecho. La transformación digital está produciendo un cambio de paradigmas en el cuerpo junto a una inteligencia somática tecnológica.

La ciencia ficción del cuerpo se convierte en realidad. Cabe preguntarnos: ¿estamos preparados para ello? ¿ Podrán jaquear nuestro cuerpo?

Para entender esta realidad tecnológica y poder diseñar un futuro humanizado será imprescindible el papel de la educación, porque es desde donde único se puede colocar a las personas en el centro del cambio, hacia un Internet de las personas.

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