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José María Lizundia

Los contenidos y formas de Yolanda Díaz: restan

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, en el Paraninfo de la Universidad Complutense, a 10 de noviembre de 2022, en Madrid (España). Eduardo Parra - Europa Press

Friedrich Schiller reforzó su canon estético a cuenta del vestido: que el cuerpo esté libre y libre el vestido, asentando la belleza en la libertad de su aparición. He escrito varios artículos sobre Yolanda Díaz y siempre he empezado (y terminado) por la ropa y su pelo sedoso, mecido cuidadosamente. Columnistas que leo, también lo hacen, tampoco parecen poder sustraerse a las poderosas ondulaciones y flamear de cabellera y vestidos, armonioso oleaje que expresa la libertad de ambos en su manifestación (tan estudiada). Y me pregunto: ¿cuáles podrán ser los ideales y deseos más profundos que desate su inconsciente con ese culto acerbo a la exposición y el lujo? O soy un comprimido a machista (ese gran resumen moral de este siglo de Pericles) o realmente resulta lo más significativo de ella y más claves de interpretación ofrece, además de desvelar personalidad, capacidad y formación. Resulta evidente encontrar la exacta correlación entre el esplendor esteticista/esteticien de ella, todos los días, de revistas como Vogue (que rinden a las ministras socialistas), y los contenidos que sus discursos y pensamientos ensartan. Quedarían contrastadas sus formas (cuerpo/melena, vestido, apariencia) con los contenidos también voladizos y aerostáticos como globos, pero que de tan farragosos y ñoños extreman su simplicidad. El no tener nunca nada importante que decir, como los vacuos sindicalistas, le hace a ella también exagerar la retórica y verbosidad, y envuelta en soliloquios y logomaquias, crear contenidos ininteligibles, frases inconexas, adolescentes y «chulísimas» (de ministra adolescente, pija y limitada), ausencia de ideas y razonamientos del santo evangelio de Sumar (piedras y lentejas), y desenfadada cursilería.

No hay que preguntar a Google por nuestra ministra pasarela ya que una vez comenzado este artículo le oigo decir, refutando a su patrocinador macho alfa (ay, la sumisión de género, qué estricta), Iglesias, que a ella le hubiera designado él, sino los medios de comunicación. ¿Cómo se puede ser designada vicepresidenta por los medios de comunicación? Lo dice porque los medios la señalan como la más popular. Pues ya está, deducido queda. ¿Desde cuándo los medios son instituciones incardinadas constitucionalmente a procedimientos políticos de designación ? Ignara, inculta, torpísima (comunismo=libertad, aseveró) ¿y las legiones de asesores gubernamentales? Casi seguido, nuestra ministra cosmética-textil repetirá que se va a «dejar la piel» en hacer lo que tiene que hacer. No suponían que la vida adulta compendiara responsabilidad y resultados. El periodista Vicente Vallés pone cortes de Belarra, Iglesias, Montero y Yolanda que como cotorras repiten que se van a «dejar la piel». ¡Qué emotivos y tiernos ante el trabajo! Ha sido un choque para esta tropa de marginales, exigirles como adultos; pues nada: ministros.

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