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Jorge Bethencourt

El recorte

Jorge Bethencourt

Ilusiones de los sentidos

Torres en el Foro 'Canarias en positivo' María Pisaca

Las elecciones provocan un trastorno de las hormonas. Se disparatan. Eso explica que el presidente Sánchez haya confundido Kenia con Senegal y le haya faltado gritar “Viva Honduras”, como el ministro Trillo en El Salvador. Y que luego, en el acto de exhumación de Felipe González en Sevilla, se haya equivocado de poeta citando a Blas de Otero con unos versos de Gil de Biedma.

El presidente guanche, Angel Víctor Torres, ha decidido eludir el peligro. “A mi no me trincan”, ha dicho. Y le ha encargado al exégeta oficial del Gobierno, Julio Pérez, que se encargue de explicar las cosas que no tienen explicación. Porque Pérez es, fundamentalmente, un ilustre abogado que le puede poner una vela a dios y otra al diablo y convencer a Diego de que realmente es digo. O viceversa.

De ahí que el ministro portavoz del Menceyato haya aclarado que Canarias sí ha estado presente en las negociaciones de España con Marruecos referidas a las aguas atlánticas en donde yacen las siete islas con cabildo. O sea, realmente no ha estado, pero sí ha estado. Echando mano de Teresa de Jesús, ha estado sin estar en sí. ¡Qué duros estos destierros canarios, esta cárcel, estos hierros de espuma y sal en que el alma está metida!

Porque para estar en unas negociaciones no es menester que haya alguien sentado en la mesa, con el culo prieto y las orejas abiertas. Basta con estar puntualmente informado de lo que se haya hablado. Es como el teletrabajo: una telepresencia. Ahí se ancla la brillante tesis que defiende el Gobierno de Canarias: que ha estado virtualmente sin estar fisicamente en las conversaciones con Marruecos.

Es el signo de los tiempos. Si los vecinos de Los Llanos de Aridane, que llevan un año sin poder vivir en sus casas, reciben una notificación para pagar el IBI o la recogida de la basura y demás tasas municipales, realmente no las están recibiendo. No se trata de una indignidad. Ni de un abuso. Ni de una mierda espichada en un palo. Si ni el Gobierno de España, ni el de Canarias, ni el Cabildo, ni el Ayuntamiento, creen que se deban pagar los recibos, aunque se hayan emitido y se hayan mandado… Realmente no existen. Son recibos cuánticos, como el gato de Schrödinger. Que son y no son, al mismo tiempo.

Y si la pobre Canarias recibe 390 millones de inversión del Estado y el rico País Vasco 580 millones, no es realmente que los vascos reciban más inversiones que los canarios. Es un engaño de los sentidos. Como diría Sánchez, citando a Teresa de Jesús “es una necia diligencia errada; es un afán caduco y, bien mirado, es cadáver, es polvo, es sombra, es nada”. Que no lo habría escrito mejor ni Sor Juana Inés de la Cruz. Salvo que hubiera dicho: “váyanse todos a freír puñetas”.

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