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Salud

Riesgos del segundo refuerzo

Una sanitaria inoculando a una persona con la vacuna contra la covid.

Han pasado muchos meses desde que se empezó a vacunar. En aquellos lejanos días todavía los hospitales y las UCIs estaban a rebosar y las muertes diarias eran numerosas. Se ha ido moderando la carga de enfermedad y, hasta cierto punto, la sociedad regresó a una olvidada normalidad. No atribuir a la vacuna, a las diferentes vacunas, este alivio, es difícil de sostener. No sabemos qué hubiera pasado si no se hubieran hecho esas campañas masivas y la población no hubiera respondido como lo hizo. Todos los estudios, simulaciones naturalmente, demuestran la gran eficacia de la inmunización masiva. A pesar de ello, muchos consideran que la comercialización fue precipitada, que la eficacia es menor de la anunciada y que se ocultan numerosos efectos adversos. Un argumento extendido contra las vacuna es que no previene la infección y que eso se escondió. Nunca se dijo que evitara la infección. Los ensayos clínicos estaban diseñados para comparar la frecuencia de enfermedad grave, que requiriera hospitalización, y/o muertes, entre vacunados y no vacunados. Básicamente, consistieron en vacunar a unos 15.000 sujetos y administrar un placebo a otros 15.000. Todos demostraron sobrada eficacia. Aunque se sabía, antes de embarcarse en el ensayo clínico, que eran potentemente inmunogénicas, nadie sabía cuánto duraba ese estado de alarma contra el virus. El mundo real nos enseñó que era más breve de lo esperado. Hubo que dar un refuerzo. Y otro más. Y otro. Tanto porque el peligro parece ahora más lejano, porque estamos cansados de tanta vacuna o porque hay muchas advertencias disuadiendo de ponerse más refuerzos, cada vez menos personas acuden a la cita en los centros de vacunación.

Sé que cualquier información que muestre puede ser rebatida con otra porque, como dijo el político Disraeli, elaborando una idea previa, hay tres tipos de mentiras: mentiras, grandes mentiras, y estadísticas. Con las estadísticas, sin falsearlas, se pueden decir cosas contradictorias. Es el riesgo de trasformar los datos en información.

¿Cómo saber si la vacuna evita la infección? Un buen laboratorio, porque la población está bien controlada, son las residencias de ancianos. Recogiendo información en una red de residencias se pudo ver que la eficacia en prevenir infección se sitúa en aproximadamente el 60%, cuando se compara, entre nunca infectados, a los vacunados y no vacunados. Pero eso era al principio de la epidemia, ahora estamos en otro mundo: casi todos hemos experimentado un episodio de covid y muchos varias inmunizaciones. ¿Cómo funciona ahora la vacuna? Nos ayudan a saberlo los resultados de un estudio que evaluó la incidencia de covid en residentes con dos dosis y un refuerzo, comparando 1.906 que no recibieron el segundo refuerzo y 1.906 que sí lo recibieron, emparejados por sus características basales. El resultado es que el segundo refuerzo, el que ahora se promueve, previene el 25% de los casos, el 65% de las hospitalizaciones y el 90% de las muertes. Estos porcentajes son muy inestables dado el pequeño número de casos, pero como se sitúan en lo esperado, son bastante creíbles.

En Europa se habían puesto, hasta septiembre 2022, 900 millones de vacunas Covid: 665 de Pfizer, 158 de Moderna, 69 de AstraZeneca y 19 de Jansen. La frecuencia de efectos adversos fue, respectivamente (en tantos por ciento) 0,14, ,0,16, 0,46 y 0,30.

¿Y si entre esos efectos secundarios hubiera muertes atribuibles a la vacuna? Podemos verlo en dos estudios. El primero en residencias de ancianos donde se demostró que la vacunación no incrementó la mortalidad por otras causas, se excluyen las covid que ya se sabe que en ellos hay menos, respecto a los no vacunados. En la población general, curiosamente, parece que los vacunados tienen una menor mortalidad, me refiero a causas no relacionadas con covid, que los no vacunados. Posiblemente porque los que se vacunan son más sanos, y otros sesgos. Pero nunca más muertes. Todo apunta a que no son tan peligrosas como algunos advierten.

Una inquietud que percibo en mucha gente es la posibilidad de que los refuerzos sean más perjudiciales que las primeras dosis. Los datos no lo confirman. La mayor preocupación es la miocarditis secundaria a vacunas ARNm. Es preocupante porque afecta principalmente a niños y jóvenes y son ellos los que menos se benefician de la vacuna porque toleran mejor la infección, además de que quizá se infecten menos. La miocarditis ocurre muy pronto tras la vacuna, la hospitalización es breve, es raro el ingreso en UCI y en EEUU se han registrado 21 en mayores de 18 años, incluidas algunas de etiología miocárdica dudosa. Todo apunta a que tras los refuerzos la incidencia es menor que tras la segunda dosis. Además, y esto no le quita importancia, es una miocarditis menos grave que la que la que ocurre por otras causas. Los refuerzos previenen, perjudican poco y son muy recomendables sobre todo en personas de riesgo por edad o comorbilidad.

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