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José María Lizundia

El hombre blanco se disuelve para contrariedad de sus cazadores

Rishi Sunak toma posesión como primer ministro de Reino Unido. EFE

Las patrias del librecambismo, el libre comercio y los mercados no parecían llamadas a encabezar mutaciones simbólicas que marcaran con hondura la irrupción de elementos nuevos y ajenos a los bastiones de poder. Un área en la que ocupa lugar preeminente el mundo anglosajón y en donde parece que el hombre blanco, no presta mucha atención a sus cazadores de cabelleras. Quien no suele creer en el dinamismo social, en los recursos del propio individuo, lo hace en políticas de discriminación positiva, de la que ya hay demasiada literatura sobre su absoluta inanidad y efectos perversos (empíricos) a medio plazo. La prueba: la infalible escasez y claustrofóbica opresión. No destacando porque sean un factor dinámico de creación de riqueza, la condición para su redistribución teórica. Cuando la izquierda fue dejando de comprender el capitalismo y la explotación, entrevió la nada metafísica porque le dejaban de salir todas las cuentas, concibió de la mano de Foucault buscar nuevas contradicciones y negaciones, que sustituyeran capitalismo y explotación por la proliferación de sujetos mártires pasado o presentes, que señalaran implacables al lugar del mal radical. Como ya no había mecanismos ni procesos objetivos que alcanzaran a redimir, lo que hicieron fue reclutar a todos los sectores insatisfechos, compungidos, resentidos pero fundamentalmente justicieros, dispuestos a la caza del hombre blanco. Aun simbolizados en piedra, como referentes históricos para muchas generaciones, ellos demolían. Ahora estaba orientado a la diana el carcaj con las flechas de los guerreros de la justicia sindicados con Black Lives Matter, Me Too, y los universitarios millonarios de las grandes universidades con su cultura de la cancelación. Los mayores censores y purificadores del mundo capitalista han descubierto a Lucifer en el hombre blanco que imponía al mal entre colonias de seres vivos, con o sin caparazón, y sin un solo mérito de atenuación. Un prisma drásticamente teológico. Sin embargo el resentimiento woke es incapaz, en su mundo segmentado entre criaturas puras e infames, de percibir la accidentalidad y contingencia, tan solo esencias puras. El blanco se va haciendo más oscuro. Destinada, por tradición, la presidencia americana al hombre blanco, Obama con su familia la alcanzó, que representaban (la comunidad negra) el 13% de la nación. No ocurre nada parecido en Cuba, por ejemplo.

Resulta que el hombre blanco (el primer ministro inglés) no es solo indio sino de religión hindú, el alcalde de Londres no solo es pakistaní sino que además es musulmán, Obama y familia negros, Kamala Harris vicepresidenta de EEUU, india; ministros conservadores noruegos contraen matrimonio gay , el hombre blanco va suplantándose de forma natural pero eficaz. Evidentemente, les están volviendo locos.

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