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Jorge Bethencourt

El recorte

Jorge Bethencourt

La seguridad del turismo

Varios turistas en las piscinas del Hotel Botánico del Puerto de la Cruz, en Tenerife. Andrés Gutiérrez

Cada año nos gastamos una verdadera morterada haciéndonos publicidad como destino turístico por ese mundo de dios. Es algo realmente curioso. Uno diría que más tendríamos que esforzarnos por hacer publicidad de los poquísimos productos industriales o agrícolas que exportamos. Pero somos de esos mecánicos a los que solo les gusta reparar los coches que funcionan perfectamente.

Canarias es un destino muy conocido, en Gran Bretaña y Alemania especialmente. Estamos a una distancia ideal, ni muy cerca ni muy lejos; disfrutamos de un clima casi tropical y de un medio ambiente excepcional, además de tener una Sanidad de nivel europeo si exceptuamos las listas de espera. Pero cada año, en los tabloides sensacionalistas y algunos otros que no lo son, se cuentan terroríficas historias sobre nuestras islas. Algunas falsas, otras muy ciertas.

El número de agresiones sexuales a turistas en nuestras islas es alarmante. Muchas de las víctimas, que denuncian en la Policía, luego regresan a sus países y ya no vuelven para seguir ejerciendo sus derechos en los tribunales. Es un teórico aliciente para los depredadores que se mueven en el entorno de las noches de diversión, copas y drogas. Y todo esto lleva pasando demasiado tiempo.

Hace unos días, el protagonista fue un taxista en Adeje, que muy supuestamente agredió sexualmente a una joven clienta. Es otra inquietante noticia que, a falta de esclarecer si es o no cierta, tiene el efecto de aumentar la leyenda negra de la inseguridad para las mujeres en las noches de ocio de nuestras localidades turísticas. A día de hoy, el Ayuntamiento de Adeje, que es quien da las licencias a los profesionales del taxi, no ha dicho ni una palabra. Como si no fuera con ellos. Y las autoridades, tan dadas a dar ruedas de prensa cuando se decomisan cuatro lapas a un desgraciado del país, tampoco han aclarado nada.

Los casos que se conocen y se denuncian son solo la punta de iceberg. Pero el relato que hacen las víctimas a sus familiares y amigos va construyendo una mala reputación de la seguridad en nuestras islas.

Canarias, desde hace muchísimos años –demasiados–, tiene un número de policías por habitante por debajo de la media del Estado. Y cuando se exigen más medios, en Madrid es como si oyeran llover. Dedicar la Policía Autonómica a reforzar la seguridad de los núcleos turísticos sería una mejor ocupación que la que quiera que tengan ahora, si es que alguien la conoce. Y dedicar más recursos a la plena seguridad de los turistas sería una inversión muchísimo más rentable que hacer campañas de publicidad. Rentable para el sector, me refiero. Igual para otros no tanto.

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