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Análisis

De tú o de usted

El uso del pronombre modifica las relaciones entre paciente y facultativo, según la costumbre

Embalse de Almendra en la zona del pueblo de Argusino. JOSE LUIS FERNANDEZ

De niño, en un pueblo aburrido de León donde pasé algunas vacaciones, me gustaba acompañar al cartero a repartir el correo. Recorríamos las calles empedradas, dábamos unos golpes con la aldaba antes de abrir el portón y gritar el nombre. Casi siempre precedido por «señó» o «señá». Unas pocas veces por don o doña ¿Por qué, le preguntaba, a este le dices don? Porque tiene el bachiller, me contestaba él.

Cómo te diriges al otro puede ser una forma de expresar respeto, la mayoría de las veces dependiente del rol y status social. A los niños se les trata de tú y en los pueblos son unos mandados: niño vete a… Y el niño sale corriendo, pues es su papel y sabe que algún día él será el que mande. En la escuela no se le ocurriría llamar al profesor por su nombre. La maestra era doña Gloria y ella los trataba de tú. También había maestros que trataban de usted, un uso más común en los institutos. Hoy a los maestros los llaman por el nombre de pila, o por el apelativo cariñoso «profe» y los tratan de tú, ¿han perdido, con ellos, el respeto, o la autoridad necesaria para poner orden en la clase, dirigir la atención, educar y enseñar?

La maestra era merecedora del doña, pero quizá donde ese trato se expresaba con más solidez era en el cura y el médico. A nadie se le hubiera ocurrido tratar de tú a cualquiera de ellos. Tenían mucho poder, uno sobre la salud del alma el otro sobre la del cuerpo. El don y el usted eran señales de respeto y sumisión.

El cura administraba los sacramentos, con ellos podía restituir la salud del alma enferma, una gracia solo a él reservada. El poder sacramental en la medicina es el de los medicamentos. Como la confesión, el fármaco actúa por su propia naturaleza. La diferencia es que el sacramento solo es efectivo si lo administra un cura, de nada vale cumplir con todos los preceptos de la confesión si la absolución no la da un sacerdote, esté o no en gracia de Dios. El medicamento actuará lo haya o no recetado un médico. Otra diferencia es que el fármaco puede resultar más eficaz, percibirlo como más resolutivo, si el enfermo cree que lo es. Ahí la autoridad y la credibilidad del médico influye.

El tú hoy día no solo está en las aulas, también en la relación con la iglesia y en las consultas médicas. Puede ser bueno, malo o no tener importancia. Lo importante es que esa relación asimétrica médico enfermo se modifique: se debe revisar la sumisión ante el todopoderoso profesional. En la relación clásica el enfermo, merced a su situación de fragilidad, necesidad e ignorancia, tiende a dejar las decisiones sobre su salud en las manos del médico y este trata al enfermo acorde con ello.

Como expresión de respeto, el enfermo usaba siempre el usted y el nombre precedido de doctor o don. Sin embargo, no siempre el médico trataba de usted y raro que precediera el nombre de don o señora. Una asimetría manifiesta que privaba aún más de poder al enfermo. Que haya entrado el tú en el trato al médico puede ser un signo de que el enfermo toma en sus manos la salud y requiere participar en la toma de decisiones. O puede ser simplemente, un cambio de usos en los protocolos de trato.

Lo que sí está claro, o así lo parece, es que la penetración del tú y la caída del epíteto doctor no afecta a todos igual. Así por lo menos lo demuestra un estudio.

Para saber qué forma de trato emplea el enfermo, más que fiarse de entrevistas, decidieron utilizar los correos, un medio de comunicación cada vez más frecuente en EE.UU. donde se realizó el estudio. Quizá eso seleccione a los más familiarizados con ese medio que puede que seas los menos protocolario. Examinaron casi 30.000 correos de unas 15.000 pacientes. Pudieron ver que usan el tú con más frecuencia si el profesional es una mujer. Es algo que cabe esperar. Muchas han experimentado más de una vez la desautorización: «Niña, llama el médico para que me vea».

Otra muestra de la consideración, si esta se corresponde con el trato, es que el tú es más raro en la relación con el especialista que con el médico de familia. Y, siguiendo con los hallazgos casi predecibles, los hombres, como pacientes, usan más el tú que las mujeres.

No sé cuánto la fórmula de trato influye en la relación médico-enfermo. Si con esto el enfermo se sienta capacitado, empoderado en el término de moda, para tomar de decisiones y compartirlas hasta donde quiera, bienvenido sea.

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