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Joaquín Rábago

¿Puede repetirse en Taiwán lo ocurrido con Ucrania?

Es la pregunta que se hace el nonagenario lingüista y analista político estadounidense Noam Chomsky (1), quien no oculta al mismo tiempo su enorme preocupación por la escalada militar en Ucrania y la amenaza de guerra nuclear.

Chomsky acusa a los senadores estadounidenses de ambos partidos –el demócrata y el republicano– autores de un proyecto de ley conocido en inglés como el Taiwan Policy Act of 2022, de querer seguir con Taiwán el mismo patrón que con Ucrania.

En él se pide al Gobierno de Washington declarar a Taiwán, que Pekín considera parte de su territorio nacional, como un importante aliado militar aunque no esté integrada en la OTAN.

Se propone además una ayuda militar a la isla por valor de 4.500 millones de dólares en cuatro años, la interoperatividad entre las Fuerzas Armadas de EEUU y las taiwanesas, así como juegos de guerra y maniobras militares a gran escala.

Dice además ese proyecto legislativo que EEUU dará a los taiwaneses un tratamiento diplomático de facto «equivalente al de países, naciones, estados, gobiernos y similares entidades».

Según el ex funcionario australiano y hoy comentarista de política internacional Mike Scrafton, el Taiwan Policy Act sólo puede verse en Pekín como un «reconocimiento de facto de la independencia taiwanesa».

De aprobarse en el Congreso, indicaría que Estados Unidos está preparado para la guerra en una región, la del Asia Pacífico, que es un peligroso polvorín.

En opinión de Chomsky, ese polémico proyecto de ley parece seguir la misma lógica que los programas militares de EEUU para Ucrania, que han ido convirtiendo a ese país en miembro de facto de la Alianza Atlántica.

Es cierto que el propio presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se opone al mismo, de igual modo que pareció criticar en su día la provocadora visita a Taiwán de su correligionaria y presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi.

Aunque en el Departamento de Estado norteamericano parezcan dominar en este momento los halcones, lo cierto es que, por miedo a una escalada militar, Biden no ha querido ir tan lejos en Ucrania como le piden algunos miembros del Congreso.

Por ejemplo, se ha negado a declarar allí una «zona de exclusión aérea», como reclaman ciertos legisladores de ambos partidos así como el propio presidente ucraniano y algunos gobiernos del este de Europa, pues ello significaría la entrada directa de la OTAN en esa guerra.

Pero seguir en Taiwán, como quieren esos legisladores halcones, un patrón parecido al que se siguió en Ucrania aumenta las posibilidades de estallido de un conflicto nuclear con China, que no parece en ningún caso dispuesta a renunciar a su soberanía sobre Taiwán, reconocida además en su día por EEUU y la comunidad internacional.

El mundo no atravesado una situación de tanto peligro desde el final de la Segunda Guerra Mundial y lo más grave de todo es el clamoroso silencio de la diplomacia frente a la deriva militarista a la que asistimos.

(1)En declaraciones al politólogo C.J. Polychroniou publicadas en Truthout.

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