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Francisco Pomares

Impuestos: donde dije digo…

Me gusta la idea, aunque el nombre apesta: «Impuesto de solidaridad a las grandes fortunas». Lo correcto sería aplicar al nombre un oximorón: «solidaridad obligatoria»… pero la idea es que los ricos con más de tres millones de patrimonio y los que cobren más de 200.000 euros al año se rasquen el bolsillo, y bajar la presión fiscal a los que menos tienen. Y si de eso se trata, aplausos. Aunque habrá que esperar a la letra menuda para comprobar si esto va en serio o es otra coña marinera…

Lo digo porque la ministra de Hacienda, la señora Montero, se sacó ayer de la manga la última carta marcada del Gobierno Sánchez: acometen una bajada de impuestos que –dicen– beneficiará a más de la mitad de los que pagan IRPF, un asombroso paquete fiscal en el que aplicando a los que ingresan más subidas de uno o dos puntos, lograrán recaudar una pasta gansa. Condicional: si es así, si esto no es otro de esos brindis al sol con los que el Gobierno nos tiene entretenidos, me quito el gorro: reducir el impuesto de la renta a la mitad de los contribuyentes, a la mitad que menos ingresa, subírselo a los que más ganan y meterse 3.144 millones de euros en la buchaca en los dos próximos años… parece algo imposible: ni Houdini sería capaz de montarse un truco de este calibre.

Después de marear la perdiz con una negativa general a bajar impuestos, el Gobierno claudica ante la rebelión fiscal de las autonomías, aparentemente sin claudicar: la ministra ha dedicado una buena parte de su comparecencia a jurar que esto no es la deflactación propuesta por el PP, esa que beneficia también a los más ricos, a los que este plan castiga.

«Esto no es una rebaja generalizada», alardea la ministra, aunque lo que sí es es una rebaja que alcanza a más de la mitad de los trabajadores que declaran. También se incorporará a los presupuestos una ampliación de la reducción por rendimientos del trabajo, que pasa de aplicarse a las declaraciones de menos de 18.000 euros, a las de menos de 21.000 euros, que viene a ser el salario tipo en España. Se trata de ampliar el número de beneficiarios, y también el propio beneficio, y la reducción permitirá que un trabajador que cobra 18.000 euros se ahorre en pago del IRPF 750, que no es moco de pavo... y el mínimo exento de tributar sube de 14.000 a 15.000 euros, evitando así que la subida del salario mínimo interprofesional provoque que trabajadores con el mínimo paguen el impuesto.

A esas acciones, las más vistosas, se suman otras de carácter más decorativo que afectan (bastante menos) a autónomos, a pequeñas empresas, etcétera. Y en patrimonio, se logra la cuadratura del circulo: las autonomías podrán aplicar el criterio que consideren conveniente, hacer con su propia capa un sayo, quizá para evitar el cisma en el PSOE que ayer sumaba a la lista de copiones del PP también a los socialistas extremeños.

En fin, que este plan fiscal se parece bastante a una operación de imagen para calentar el debate antes de las municipales y autonómicas, primer gran reto al que se enfrenta el Gobierno Sánchez.

Falta saber que harán ahora los gobiernos que más se han resistido a rebajas fiscales, como el de Canarias, absolutamente opuesto a reducir impuestos, para evitar que los servicios públicos pierdan financiación, según no ha parado de cacarear Román Rodríguez. Falta saber qué diablos se inventará ahora la Hacienda canaria para no quedar cono la única instancia que se opuso a aliviar la presión de los contribuyentes. Supongo que el que más sabe ahí dentro, el laborioso y leal Fermín Delgado, ya tiene preparada la oferta que se le escapaba hace unos días, cuando por primera vez dejó a su jefe un poco en cueros.

Ahora lo que toca es aquello de explicar que «donde dije digo ahora digo Diego». Si lo ha sabido hacer la ministra, y hasta los de Podemos cuentan que les ha copiado el plan, seguro que también lo hacen los de aquí.

Y algo que nadie dice: hay que medir el impacto de todo esto en la inflación. Poner más dinero a circular no ayuda mucho a contenerla. Y el dinero se mueve mucho más rápido en manos privadas que en las públicas.

No digo que reducir impuestos esté mal. Todo lo contrario. Pero a las cifras de la ministra hay que ponerles un pero: nadie habla del impacto que estas rebajas no generales puedan llegar a tener en el aumento del coste de la vida… y van a tenerlo.

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