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Matías Vallés

El CIS es una lotería

El PSOE se divide entre los irreductibles que niegan pan y agua a Pedro Sánchez, encabezados por Felipe González en silencioso y Alfonso Guerra en jacarandoso, y los conversos a la fe en el presidente del Gobierno. Entre estos últimos sobresale José Félix Tezanos, migrado de la ejecutiva federal socialista a la presidencia del Centro de Investigaciones Sociológicas y, a los efectos de la tesis de este párrafo, guerrista de pro. O exguerrista, porque acaba de decir que «en estos momentos no coincido en absoluto con él».

El CIS fue el último en incorporarse a la sinfonía de los sondeos que decretaban el adelanto del PP al PSOE, por no hablar de una mayoría absoluta de derechas y ultraderechas. El Centro de Tezanos también ha sido pionero en desengancharse de la victoria popular, para volver en octubre al regazo de una ventaja afilada de La Moncloa. Donde habita Pedro Sánchez, protagonista absoluto del libro Sánchez. Había Partido, de las Primarias a La Moncloa.

El cántabro Tezanos nunca descarta una victoria de su PSOE, a falta de conciliar esta actitud pugnaz con el rango de catedrático de Sociología y el pilotaje del cerebro de los sondeos electorales del Estado. No le afectan las contradicciones, a su carácter polémico y polemista le molestaría que no se exteriorizaran. Su temple guerrista subsiste en la necesidad de la confrontación. Y en última instancia, zarpa en el bote salvavidas de que «en el CIS puede haber errores, pero no engaños».

Un lector avisado deducirá que el titular «El CIS es una lotería» está diseñado para aguijonear al septuagenario Tezanos en su gestión del Centro. Nada más lejos de la realidad, el presidente de la institución recurre a la analogía para subrayar su imparcialidad. A la hora de explicar los resultados sistemáticamente inflados para el PSOE y rebajados para el PP, presume de que «nuestras muestras son muy grandes, las más amplias del país, y en el sistema de selección le puede tocar a cualquiera, como en la Lotería Nacional».

Aunque se asuma que la equiparación lotera se refiere a la elección de sondeados anónimos y no de candidatos políticos, la asimilación peca de arriesgada. Por tanto, Tezanos retomará la equivalencia al plantearle la contradicción entre sus sentimientos y sus datos. «Todos los presidentes del CIS tenían su corazoncito, pero en la relación de encuestados, un ordenador selecciona números de nueve cifras, que no sabemos ni dónde están, como en el bombo de la Lotería Nacional».

La segunda referencia al azar sería suficiente para un profesor que acaba de subrayar que «la Sociología es una ciencia», pero Tezanos remata las comparaciones recordando que, «además, nos hemos mudado al edificio de la Lotería Nacional». Si no se le advirtiera más que satisfecho al mando de los engranajes estadísticos, se sospecharía que apuesta por encabezar otra institución del Estado.

El presidente del CIS no desea que se hable de personalidades ajenas a su ideología indudable ni para criticarlas. Absorbe tanta energía que la polarización contribuye a olvidar las jugarretas del laboratorio estadístico a las órdenes de Soraya Sáenz de Santamaría. En aquellos tiempos memorables, las encuestas se las apañaban para que los sondeados, a reclutar con mecanismos azarosos que envidiaría la Lotería, obraran un doble prodigio. En primer lugar, señalaban una erosión del PP, perjudicial para un Mariano Rajoy que no tenía tiempo de leer las encuestas y beneficiosa para su vicepresidenta. En segundo y más importante, la deflación de la derecha se compensaba con un auge de Ciudadanos, que otorgaba la mayoría absoluta a la suma de ambos partidos. No se necesitaba una expresión oracular para promulgar la obligada sustitución del presidente por su número dos al mando de las encuestas, para mantener el poder. Y en este punto, Tezanos abandona la defensa a ultranza de su organismo para concluir que aquel CIS sí se equivocaba.

No siempre se puede desentrañar al pitoniso, por lo que solo puedo referir la sensación subjetiva de que Tezanos no está muy de acuerdo con la colisión de Sánchez contra las energéticas y bancos, al margen de su confianza ciega en el presidente del Gobierno. En la despedida:

-¿Le he ofendido lo suficiente?

-No me he sentido ofendido en ningún momento, soy un auténtico liberal.

De alguna forma hay que acabar, y el liberal Lord Acton mantiene la relevancia intacta con su adagio de que «Todo poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente». La cita suele detenerse aquí, omitiendo su coda, «los grandes hombres son casi siempre hombres malos».

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