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Los bancos no quieren gente en sus oficinas porque a los bancos no les gusta la gente, les gusta su dinero. De ahí que hagan planes para reducir la afluencia de público y cerrar luego las sucursales. Veraneé este año en un pueblo en el que hasta hace poco había dos entidades. Ahora no hay ninguna. La población de este lugar está bastante envejecida, de modo que la desaparición de las oficinas les causa trastornos sin cuento. ¿Por qué? Porque los bancos son obligatorios. Uno no puede decir a la compañía de la luz que venga a cobrarle el recibo a casa, ni siquiera le permiten ir a pagarlo a la sede de la compañía. Uno está obligado a realizar estas gestiones a través del banco.

El banco es obligatorio, pero el banco no está.

Uno no puede pagar en metálico más de una cantidad equis de dinero, para evitar el blanqueo, suponemos. Uno está obligado a hacerlo a través del banco.

El banco es obligatorio, pero el banco no está.

Uno no puede decirle a su empresa que le pague la nómina en metálico, dentro de un sobre. Uno está obligado a recibirla a través de una cuenta corriente.

El banco es obligatorio, pero el banco no está.

Es como si nos obligaran a ir a misa, pero no hubiera iglesias. La banca es una Iglesia poderosísima que nos obliga a asistir a sus misas y con la que estamos obligados a confesarnos a diario, pero sus ministros aparecen y desaparecen cuando les viene en gana. La banca no está cuando la necesitas, sino cuando ella te necesita a ti. La última vez que rescatamos a la banca nos costó decenas de miles de millones de euros de los que no nos han devuelto un céntimo.

La relación entre los usuarios y las entidades es tan asimétrica que deberían liberarnos de la obligatoriedad de vivir atados a ellas. Hace poco intenté pagar en metálico los gastos de un tanatorio en el que nos disponíamos a velar a un ser querido y no me admitieron el dinero. Me dijeron que pagara con la tarjeta de crédito (la muerte a crédito). Pero mi tarjeta no estaba autorizada para tal desembolso, de modo que llamé a la puerta del banco, pero no había nadie dentro. Casi nos quedamos sin entierro. El banco es obligatorio, pero el banco no está.

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