Suscríbete

eldia.es

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Jorge Bethencourt

El recorte

Jorge Bethencourt

Queda inaugurado este disparate

Ya lo dijo Murphy. Lo que puede ir a peor seguramente irá a peor. O algo así. Pero se nota que Irene Montero, en el viaje a Nueva York, no aprovechó el avión para echarle un vistazo a las leyes del pesimismo práctico.

Partiendo de un principio absolutamente liberal, digno de aplauso, la izquierda verdadera a la que Pedro Sanchez ha concedido un pequeño espacio en el Consejo de Ministras, Ministros y Ministres ha aprobado leyes que permiten a los ciudadanos elegir su sexo sentido, que pasa a ser, previo algunos tramites, su sexo legalmente establecido. O dicho de otra manera, que cualquier hombre que se sienta mujer pueda serlo. Y viceversa.

Esto, para las feministas tradicionales, ha sido como el ácido sulfúrico. Porque significa dar entrada al adversario al mundo de medidas que establece un círculo de protección en torno a la figura femenina. Las cuotas por razón de género, entre otras.

Estos días se ha publicado una noticia que, como diría Franco, inaugura ese pantano. En un lugar de España, de cuyo nombre no logro acordarme, una mujer que denunció a su pareja por violencia machista se ha quedado sin protección y sin orden de alejamiento, conviviendo obligadamente con su maltratador en la vivienda que compartía con él, que ahora es ella. Su pareja inició un tratamiento hormonal y acreditó ante el registro su transición hacia un nuevo sexo, en este caso el femenino. Y lo que comenzó en los juzgados como un típico caso de violencia machista se ha convertido en un simple conflicto doméstico.

Aterrizando en el terreno de la realidad, los músculos de la nueva ella siguen siendo los de él. Y es de suponer que, a pesar de las hormonas, el carácter de ella también seguirá siendo el del viejo él. Los empujones, las palizas y la violencia que la nueva mujer puede practicar sobre su antigua pareja, más allá de lo que diga el papel, han cambiado de consideración jurídica, pero siguen siendo igual de crueles.

Y es aquí donde la verdad se revela esplendorosa. La violencia que una persona ejerce sobre otra es lo que es, con independencia del sexo que se atribuya al abusado o al abusador. Y considerar que si una lesbiana maltrata a su pareja es un delito menor que si lo hace un hombre sobre una mujer es un artefacto ideológico, pero no una realidad.

Es el primer caso que veremos. Pero no el último. Porque igual no lo dijo Murphy, pero la capacidad humana para hacer disparates es tan infinita como el universo.

Compartir el artículo

stats