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Caleidoscopio

Feijoada

En Brasil, los días tradicionales para comer feijoada, el plato típico nacional, son los miércoles y los sábados. En España todos los días son buenos, para la presidenta de la Comunidad de Madrid por lo menos.

Como la famosa Imperia, la cortesana cuya escultura la representa al borde del lago de la ciudad germano-suiza de Constanza, sosteniendo en una mano al rey y en la otra al Papa, la presidenta de Madrid juega a tener bailando en las suyas tanto al presidente del Gobierno español como al de su partido. Cualquier excusa es buena para ella para intentar moverles la silla a la vez a los dos.

Y todo sin tener una sola idea política, simplemente oponiéndose a todo lo que legisle el Gobierno español con desparpajo cañí, estén de acuerdo con ello los dirigentes de su partido o no. Pasó cuando la pandemia y acaba de pasar ahora con el decreto que el Gobierno español ha aprobado siguiendo las directrices de la Comunidad Europea para ahorrar energía, directrices con las que estaba de acuerdo Núñez Feijóo, el líder de la derecha española, hasta que Isabel Ayuso dijo que ella no. Lo dijo en un tuit, como Donald Trump (no hay muchas diferencias entre ellos), y en seguida Feijóo rebobinó y entró en modo gallego para decir que no pero sí, esto es, que estoy de acuerdo en el fondo de la ley pero no en la forma de presentarla, etcétera. Una feijoada más a las que, al parecer, tendremos que acostumbrarnos hasta que llegue a la Moncloa, si es que llega, pues parece que Isabel Ayuso no se lo va a poner fácil. Con la experiencia de Pablo Casado aún reciente, el moderado en las formas Feijóo sabe que tendrá que hilar fino si no quiere descarrilar en su camino al poder, un camino en el que los principales peligros no le vendrán, como ya está viendo, de sus adversarios políticos, los socialistas y sus aliados, sino de ese partido dentro del suyo que es el PP madrileño, que dirige con osadía y falta de escrúpulos su compañera Ayuso.

Así que tenemos a Feijóo debatiéndose entre ser o no ser como Hamlet, cosa que para un gallego parecería sencillo por la tradición, pero que con la presidenta de Madrid levantándose cada mañana con una nueva idea no lo es tanto, al revés, resulta muy complicado, pues hay que estar cambiando o matizando el discurso propio cada dos por tres. Las feijoadas, para desgracia de Núñez Feijóo, ya empiezan a ser costumbre y, lo que es peor para él, sus adversarios ya le empiezan a tratar como a esos maridos a los que sus mujeres les corrigen continuamente en público, dejándolos en evidencia sin que ellos se atrevan a replicar. Con crueldad, algún diputado ya le ha llamado a Feijóo calzonazos, un calificativo rancio que no por ello deja de ser entendido por todos.

Al final, lo que parece claro es que Isabel Ayuso lo que busca con sus estridencias tiene una doble intención: desgastar, por un lado, al presidente del Gobierno español, del que se erige en alternativa sin serlo, y torpedear, por el otro, la estrategia moderada de Feijóo, al que ve no como a su presidente sino como a un intruso, puesto que la que debería presidir el Partido Popular es ella. Que renunciara a presentarse a presidirlo cuando lo hizo Feijóo no significa que no lo deseara, pero las circunstancias se lo desaconsejaron. Nos quedan, pues, muchas feijoadas por ver para felicidad de todos aquellos, del presidente Sánchez a los independentistas, que consideran que su principal aliada política en este momento es la presidenta de Madrid.

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