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Francisco Pomares

La mitad

Bueno, pues ha tocado la mitad aquí, o el doble allá, según se mire. Y ha salido el consejero Franquis bastante agradecido el hombre a decirnos que si tuviéramos trenes el descuento sería del cien por cien y no del cincuenta por ciento a las guaguas, que es un veinte por ciento por encima de lo que van a financiar a las guaguas en todo el Estado. Yo creo que es malo quejarse de vicio, y que muchos pensarán que más vale esto que nada. Pero también creo que eso que ahora llaman la sensibilidad de Sánchez con canarias se reduce al uso de La Mareta para las vacaciones familiares de don Pedro y su feliz familia.

No hay manera de que el hombre acierte con las islas, es que ni siquiera cuando corrige: frente a la decisión de financiar el cien por cien del precio de los billetes de los trenes de cercanías, lo razonable, dado que no tenemos trenes, ni inversiones para trenes (más allá de la de aquella inútil oficina financiada por el cabildo grancanario que permitió a Román Rodríguez enchufar a su entonces meritoria en el partido ahora difunto –me refiero a la consejera Noemí–) lo correcto sería que se aplicara en Canarias exactamente la misma medida que en el resto del territorio, y no este mísero premio de consolación que supone pasar la subvención general del 30 por ciento que van a recibir los transportes en guagua en toda España a un 50 por ciento en las islas.

La verdad es que llevamos unos años de aúpa con lo del cumplimiento del REF: parece que al Gobierno regional se le ha olvidado que el objetivo de la reforma del REF era blindar el diferencial fiscal y las políticas que permiten que Canarias sea compensada por su fragmentación y lejanía del resto del país. Pero desde aquel infame discurso de la entonces ministra Meritxell Batet, tirándonos de las orejas por ser los pedigüeños de siempre, el Estado ha ido apretándonos más y más las tuercas.

Sin parar, como si no hubiera un mañana: seguimos a la cola del país en inversión del presupuesto nacional, en contra de la teórica garantía del REF de que Canarias estará siempre en la media de inversiones. Y más: nos birlan cuando se les antoja el plan de infraestructuras hidráulicas, o el de infraestructuras turísticas. Y el dinero que se nos debe de la adenda de carreteras sigue sin firmarse, la última firma fue suspendida esta semana pasada porque Madrid se olvidó de hacer la tarea. Y se modifica el REF cada vez que se le antoja a un funcionario sin consultar primero al Parlamento, y después pasándose los informes de la Cámara por la retambufa. Se han cargado el comercio triangular, que llevaba operando en las islas veinte años, y ahora nos dicen que no es legal, porque un propio ha decidido interpretar las leyes de otra manera. Y juegan con las fechas de renovación de la RIC como los trileros con sus vasitos, creando una sensación de inseguridad jurídica creciente, o con las subvenciones a la industria audiovisual canaria para favorecer la de otras regiones…

Cuando desde aquí se les dice que no es esto, que el sentido del REF es asegurar que desde España se asuman las dificultades estructurales de las islas, se nos recuerda que no se puede hacer la cuenta del esfuerzo del Estado solo contando las inversiones regionalizadas, que están también la mejora de los servicios de la Seguridad Social, la subida de las pensiones, el salario mínimo, y la munificencia esta que se han sacado ahora de la manga para amortiguar el cabreo del personal. Pero es que no es verdad: cada vez son más las decisiones específicas del Gobierno que se olvidan de que Canarias existe, o que la dejan voluntariamente fuera –la de los trenes de cercanía es de traca, pero hay más– o la maltratan o ningunean.

Podría esperarse que este año cuando el presidente Torres se vea con su jefe, en vez de llevarle otro timple de regalo, le lleve una lista con los olvidos y/o incumplimientos. Pero Torres no va a hacer eso, no vaya a ser que su jefe se moleste. Ya se sabe que el hombre cuando viene a Canarias lo hace para descansar.

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