Suscríbete

eldia.es

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Francisco Pomares

Con la corbata no basta

Después de llenar las redes de memes a cuenta del uso de la corbata como arma contra el cambio climático, el Gobierno publicó ayer el decreto de medidas de ahorro energético que pretenden reducir el impacto de la crisis energética ocasionada por la guerra de Putin y su chantaje energético a Europa.

La norma que ha aprobado el Gobierno tiene que ser cumplida tanto por todas las administraciones públicas, como por grandes superficies, comercios minoristas de todo tipo, oficinas, locales de ocio, hostelería… solo se libran los hogares privados. Sánchez no se atreve con el españolito de a pie, se limita a meter mano a las temperaturas públicas o en público. Las privadas de momento no se tocan.

Y además de reducir el consumo por la vía de reducir la intervención humana sobre la temperatura ambiente en interiores, el Gobierno exige que se acaben las alegrías con la iluminación: a las diez de la noche no debe quedar ni un escaparate encendido. Eso ha provocado el rechazo de los comerciantes y de la siempre peleona Isabel Díaz Ayuso, que ya se sabe que va por libre y ha dicho que los escaparates de Madrid no tendrán que apagarse, que eso no es bueno para el comercio.

Ya saben lo rápido que se monta en este país una pelea ideológica, y el Gobierno de Sánchez no ha tardado más que un resoplido en sacarse de la manga la ley de industria de 1992 y contestar con amenazas de multa a los infractores de entre 60.000 y 600.000 euros, que en los casos muy graves podrían incluso llegar a los cien millones de euros. A ver quién es más valiente en este pulso, que Ayuso ya ha dicho que está dispuesta a acudir al Constitucional si hace falta.

Por cierto, en esa extraña manía o debilidad que caracteriza a Sánchez, las peluquerías vuelven a estar exentas de cumplir la normativa, cono lo estuvieron durante la pandemia. Pedro Sánchez va camino de ser canonizado como santo patrón por los barberos españoles…

El Gobierno ofrece entre una semana y dos meses para adaptar los comercios a las nuevas necesidades: luminosos (con bombillas led, supone uno) para ofrecer información a los clientes de la temperatura, y puertas automáticas de cierre para que no se fugue el frío en verano o el calor en invierno.

En fin… podría decirse que el continente entero se lo ha buscado por fiarse más de la cuenta de un tipo al que le gusta montar a caballo enseñando la pechera. Pero es lo que hay: cada grado que logremos subir este verano en la temperatura colectiva de los aparatos de aire acondicionado de este país (o bajar en invierno en calefacción) representa ahorrarnos la cuarta parte del gas que le compramos a Rusia en invierno.

Ya hay gente haciendo cálculos precisos: la temperatura de las calefacciones conveniente este invierno para que se note de verdad el ahorro energético debería situarse en el entorno de los veinte grados, grado arriba grado abajo. Por cada grado que suba el calor de las calefacciones por encima de los 21 centígrados, el consumo crecerá un siete por ciento. Y este verano, con el aire acondicionado, al revés. Bajar la temperatura más allá de los 26 grados será prohibitivo. O sea, que ni frío en verano ni calor en invierno, como debe ser.

Claro que para nosotros es más fácil, nuestras temperaturas no son tan extremas en invierno como en el resto de Europa, y además tampoco es mucho el gas que los españoles compramos a Rusia. Los alemanes y la mayoría de centroeuropeos no tienen esa suerte. Es verdad que aquí tenemos que sufrir a un señor que propone quitarse la corbata como medida de ahorro energético. Pero en Alemania han tenido que lidiar con el enemigo dentro. Y no hablamos de cualquiera, sino de gente como Gerhard Schröder.

Compartir el artículo

stats