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José María Lizundia

Bienhechores socialistas y periodistas de sofisma

El romanticismo, no solo español, dio la vuelta a la realidad del bandolerismo, de estar curtidos en secuestros, chantajes y asaltos pasaron a ser justicieros, defensores de oprimidos a quienes socorrían en sus adversidades. La serranía de Ronda y el paisaje andaluz era la tierra feraz para este tipo de personajes, finalmente altruistas. La ficción oral o escrita alumbró el mito. Los descendientes simbólicos de Curro Jiménez, el Estudiante, el Algarrobo y resto de la partida han sido condenados por el Tribunal Supremo. No sé qué papel jugaron los periodistas entonces, si lo jugaron, ahora muchos han actuado como autores románticos, amorosos Hare Krishna o de la Orden de la Merced y Redención de los Cautivos. Desde luego no del Washington Post ni de otros grandes medios liberales, defensores a ultranza de la ley y su cumplimiento que van unidos a la madurez de la sociedad, y enemigos de la corrupción.

Debemos ser comprensivos con esos periodistas del sofisma cuando señalan «antes mataría a mis 5 hijos si tuviera alguna duda de que Chaves y Griñán se han llevado un euro». Hay muchísimos delitos, todos los machistas por ejemplo, en que las carteras no desaparecen, igual en genocidios. Adolf Eichmann, aunque arrancase las muelas de oro y todas las pertenencias de los judíos no se quedada con nada, no sólo eso, sino que él solo cumplía órdenes decía, tiene en común con los bienhechores, que no conciben la responsabilidad ni como concepto.

La civilización en sus albores decidió que el delito de robo con enriquecimiento personal no estuviera solo, especialmente el derecho romano, e ideó acompañarlo de otras figuras igual o más delictivas. Si atracas una joyería, rompes el escaparate y la vitrina que contiene el diamante con el que quieres seducir a una gratísima actriz de cine, tampoco habría el más mínimo afán de lucro. Por tanto, políticos de progreso y periodistas sindicados, deberían saber que el diamante es una estrategia para un fin: acceder a la actriz de cine, el verdadero y ardiente deseo, o perpetuarse en el poder hecho régimen político, todo es erótica: la actriz y la del poder.

Pero en España, la indiscutible primacía de la ley que domina en las grandes democracias liberales siendo la clave de bóveda de sus sistemas y la estricta división de poderes su máxima garantía, superado hace tiempo las legitimidades de derecho divino, perviven cómodos restos de esa mentalidad predemocrática. PNV y los derechos históricos previos a la ley fundacional. Derechos sociales de mejor reparto, derechos nacionales de apartheid monocolor. Frente a los concebidos sin pecado, los pobres Griñán y Chaves, cualquier manual de derecho romano.

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