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observatorio

Sumisión química

Las fiestas de San Fermín de 2022 nos han dejado una de las cifras más bajas de mozos corneados, seis, y una larga lista de mozas que han sufrido otro tipo de cornada.

Las agresiones sexuales siempre han estado presentes en las fiestas multitudinarias; la que tuvo lugar durante las fiestas de San Fermín en 2016, protagonizada por La Manada marcó un punto de inflexión en cuanto a la tolerancia social para este tipo de delitos contra las mujeres. Pero el rechazo social no solo no ha disuadido a los agresores, sino que ha hecho que sofistiquen sus ataques empleando sumisión química. Tradicionalmente se añadían a las bebidas sustancias que inducían un estado de semiinconsciencia, últimamente se emplea el método más eficaz de inyectárselas.

La sumisión química está detrás del 30% de agresiones sexuales y es un delito muy extendido en países de todo el mundo, incluidos los europeos; se coló incluso en una fiesta del Partido Socialdemócrata alemán al que asistieron más de mil invitados, incluido el canciller Olaf Scholz, a comienzos de julio en Berlín. La proliferación de los pinchazos a mujeres jóvenes durante los Sanfermines de 2022 ha sido de tal calibre, que las autoridades tuvieron que salir al paso diciendo que en muchos casos no se había inyectado nada y calificando estas agresiones de actos de «gamberrismo». Unas gamberradas que podían transmitir enfermedades graves y causar ataques de pánico en las víctimas.

Pero ¿qué hay detrás de la sumisión química? Como la fuerza bruta no parece ser suficiente para que los violadores perpetren sus crímenes, recurren a sustancias químicas que afectan al sistema nervioso central con el fin de que sus víctimas pierdan la capacidad de defensa. Se han detectado más de 50 sustancias de este tipo en las víctimas. La más común es el alcohol, dada la facilidad de acceder a él y su carácter de bebida social que hace que las víctimas la ingieran de forma más o menos voluntaria. También es frecuente la presencia de benzodiacepinas, tranquilizantes prescritos para calmar la ansiedad y el insomnio cuyo consumo se disparó durante el confinamiento. Entre las sustancias ilegales se encuentra el GHB o éxtasis líquido, un potente depresor del sistema nervioso central que causa una sensación inicial de euforia y bienestar; la ketamina, un anestésico que en dosis bajas tiene efectos similares a una borrachera de alcohol, y la mítica burundanga, vocablo de origen afrocubano que significa bebedizo. El principio activo de la burundanga, la hioscina, se extrae de la planta del estramonio y se prescribe como tranquilizante, pero en dosis elevadas interfiere en muchas de las funciones de la acetilcolina, un mensajero esencial del sistema nervioso central. Por ello la hioscina provoca falta de voluntad, desinhibición sexual y pérdida de la memoria inmediata, efectos parecidos a los del alcohol y el resto de las sustancias empleadas en los ataques con sumisión química.

No es de extrañar que, según los datos disponibles en los juzgados de Madrid, las víctimas sientan mucho sueño, dificultad para moverse y dolor de cabeza, en algunos casos náuseas y vómitos, alteración ocular y auditiva, además de no recordar lo que ha pasado. También en estos datos se observa que el 70 % de los casos de sumisión química corresponden a mujeres de menos de 30 años, y que el mayor riesgo lo corren las que tienen entre 15 y 19 años.

Las víctimas tardan unas 20 horas en acudir a la Policía o al centro hospitalario, debido a sentimientos de culpabilidad o vergüenza, lo cual es muy desafortunado porque muchas de estas sustancias se metabolizan rápidamente. Por ejemplo, la vida media en sangre del GHB es de menos de una hora, la de la hioscina y la ketamina, de dos a seis horas, y la del alcohol, de dos a 14 horas.

¿Qué hacer ante el arsenal que manejan los agresores sexuales? Desafortunadamente, la responsabilidad recae en las potenciales víctimas, que tienen que extremar las precauciones en los lugares de ocio y, en caso de sospechar haber sufrido una agresión, acudir lo antes posible a un centro hospitalario.

Respecto a los indeseables que explican en redes sociales cómo encontrar a posibles víctimas en una discoteca entre las chicas que peor toleran el alcohol, se me ocurren algunas acciones contundentes que no es educado detallar aquí.

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