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Jorge Bethencourt

Manual de objeciones

Jorge Bethencourt

Rueda de prensa

Rueda de prensa tras el Consejo de Ministras, Ministros y Ministres. En la mesa, representando al Gobierno, la ministra portavoz, Isabel Rodríguez, del PSOE, y a su lado la ministra de Igualdad, Irene Montero. De fondo el paisaje de treinta y tantos muertos en el último asalto a la valla de Melilla. Hasta en cinco ocasiones la prensa preguntó a la señora Montero por su postura respecto a la tragedia ocurrida el pasado viernes y la actuación de las fuerzas de seguridad marroquíes. En las cinco ocasiones, la que respondió en su nombre fue la ministra socialista. De los labios de la política de Podemos no salió ni un comentario sobre «el incidente».

Según la nueva teología política, el partido no son sus miembros. Ni sus ministros. De forma tal que Unidas Podemos puede plantear una actuación crítica en el Congreso de los Diputados para exigir explicaciones a Unidas Podemos en el Gobierno. O sea, la primera parte contratante de la segunda parte contratante.

Pedro Sánchez no gobierna por la gracia de dios. Su mayoría no deviene de miasmas divinas que hayan descendido sobre su augusta testa. Para hacer lo que hace y deshacer lo que deshace necesita del apoyo parlamentario de los mismos que le hicieron presidente: las fuerzas independentistas vascas y catalanas y la izquierda extrema que representa Unidas Podemos. Resulta una burla difícil de tragar que las ministras y el ministro de esa fuerza política se sienten en los Consejos formando parte de un Gobierno con el que, un día sí y otro también, dicen discrepar en tantas cosas, tan relevantes y tan polémicas.

Esa dicotomía insoportable entre los ministerios y el partido no pasa de ser una conveniencia, para no tener que soltar un poder que, a la postre, ha sido letal para el proyecto. Un fraude a las ilusiones de quienes les creyeron un disolvente de «la casta». Ciudadanos está acabando su viaje hacia la irrelevancia. Podemos le seguirá de forma imparable.

Tragarse los enormes sapos de la acreditada charca de Pedro Sánchez se ha convertido en su dieta habitual. El autócrata de la resiliencia obvia olímpicamente al PSOE para tomar las grandes decisiones y ni siquiera se molesta ya, en los agitados meses preelectorales de la basura, en informar a sus aliados. Su discurso está ocupando, escandalosamente, el espacio político del socio que le hizo presidente y el próximo fondo de la rueda del Consejo de Ministros será un cuadro de Goya, con un sonriente Saturno, todo dientes, devorando a Irene Montero, un chalé, una piscina y un montón de sueños roncados.

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