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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

La nueva y vieja Canarias

Mientras el presidente Ángel Víctor Torres se cuela en cualquier acontecimiento –especialmente en las locas fantasías que se inventa, como una estrategia sobre la FP dual de la que los docentes no conocen ni una sílaba– su vicepresidente, Román Rodríguez, ha soltado por la radio lo que todo el mundo que lo conoce sabe perfectamente: que es capaz de pactar con Coalición Canaria o el Partido Popular si le place. Rodríguez matizó, por supuesto, que lo haría si lo necesitaba Canarias, pero es tan verosímil como un charro abstemio. Durante tres años el vicepresidente ha ladrado en el Parlamento contra el PP y el Gobierno de Mariano Rajoy como «el que más ha maltratado a Canarias», una tronante descalificación que han repetido a menudo Luis Campos o Carmen Hernández, pero NC apoyó parlamentariamente a ese diabólico Gobierno. Apenas dos años antes de la moción de censura que presentó Pedro Sánchez el actual vicepresidente del Gobierno autónomo firmó un acuerdo con Rajoy en La Moncloa –con mucho ringorrango y tiros largos– por el cual el «nacionalismo progresista» apoyaba los presupuestos generales del Estado de 2017 diseñados por un Ejecutivo «que se dedicó a destruir la sanidad y los servicios públicos», como no se han cansado de sermonear entre enternecedores hipidos los luiscampos y carmenhernandez en esta legislatura autonómica.

Todos las organizaciones políticas son sumamente sensibles a las oportunidades, pero es que Nueva Canarias se ha caracterizado por un exacerbado oportunismo durante su ya larga trayectoria, pactando con fuerzas tan discutiblemente nacionalistas y progresistas como aquel circense Centro Canario Nacionalista que Ignacio González le compró a Lorenzo Olarte o con el PIL controlado por el hijo de Dimas Martín o con asambleas municipales en perpetua guerra de guerrillas para conseguir algún concejal o garantizarse medio consejero en el Cabildo o media diputada en el Parlamento o tanteando a Narvay Quintero, justo después de las elecciones de 2019, para que arrastrara a la Agrupación Herreña de Independientes a NC a cambio de mantenerlo como consejero de Agricultura, Pesca y Ganadería. De la misma manera Rodríguez y los suyos son extremadamente adaptables a cualquier situación para no perder las cuotas de poder adquiridas. ¿Que Pedro Sánchez, en solitario, cambia con una carta secreta la política española sobre el Sáhara y las relaciones con Marruecos? Pues pone uno un gesto así, como muy enfadado, y mueve las manitas con fiera determinación rococó en la tribuna y recuerda con indignación el sufrimiento del pueblo saharaui y ya está, que son las dos y media y ya hemos reservado en El Coto de Antonio o en Deliciosa Marta. Rodríguez mira tanto por su aspecto que no solo lleva siempre maravillosamente combinados los ternos y las corbatas, sino que también tiene y mantiene a algunos intelectuales que le escriben palabros raros y hermosos como una camisa de Hermès, como «canarista».

El consejero de Hacienda sabe perfectamente que el próximo año se corre el riesgo de que ninguno de los bloques político-ideológicos (centroizquierda y centroderecha) consiga una mayoría parlamentaria estable de 36 diputados. Para los partidos pequeños –los tres, Nueva Canarias, Podemos y los alegres colombinos de Curbelo, integrados en el gabinete de Torres– eso los dejaría fuera porque una alianza entre el PSOE y CC sería la única opción factible. Rodríguez lanza un mensaje simple: si sus tres o cuatro diputados pueden garantizar un gobierno presidido por Torres, lo hará; pero también está dispuesto a completar otra mayoría (Coalición Canaria y PP) si esos tres o cuatro diputados son imprescindibles. Y no, ni Canarias ni el canarismo tendrían aquí ninguna importancia. Solo del poder y sus combinatorias en el Ejecutivo, en los cabildos y los ayuntamientos. Nueva Canarias tiene poco de nuevo como agente político, sencillamente porque se mueve tan bien en el ecosistema político canario como lo haría en la Canarias de don Fernando León y Castillo.

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