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La honradez en la política

Posiblemente Gregorio Peces Barba, uno de los padres de la Constitución Española y presidente del Congreso de los Diputados en la legislatura 1982-1986, puede ser un buen ejemplo de honestidad política y con cuyas reflexiones me quedo por sus sabias y cercanas conclusiones.

Comentaba en uno de sus interesantes artículos en el año 1982, justo cuando ostentaba el cargo de presidente de la Cámara, que aquellos hombres que tienen un poder real en la sociedad son hombres solitarios, que no tienen amigos, y qué si los tienen, en lo más profundo de su conciencia tienen la duda de si esa amistad es sincera, o sólo una amistad utilitaria e interesada.

Viendo los últimos acontecimientos en los que, a cuenta de una problemática sobre el agua en El Hierro, el que fuera presidente del Cabildo Insular durante 28 años, y ahora retirado desde hace más de una década de la actividad pública, es injustamente acusado por un técnico de llevarse comisiones en la instalación de desaladoras, al igual que también lo es acusar a otros políticos que le han sucedido, todos de distintos o iguales signos políticos. Cuando existen pruebas la democracia dispensa procedimientos judiciales para demostrarlo, y si no mejor estar callado por eso del refranero de que en bocas cerradas no entran moscas.

Tomás Padrón no solo fue un presidente del Cabildo con el que trabajé durante más de dos décadas, también me honro hoy de ser su amigo, a cambio de nada. Él sabe perfectamente, y yo también lo sé, cuáles fueron sus aciertos y cuales sus errores, porque es muy difícil no equivocarse en tanto tiempo, y más fácil aún ver las equivocaciones con la retrospectiva del tiempo. También lo he sido de posteriores presidentes y presidentas, con mayor o menor acierto, pero sí con la conciencia de haberlos defendido, porque soy de la vieja escuela de que las instituciones están para servir al ciudadano, sean del color político que sea.

No voy a hacer yo un análisis biográfico-político de Tomás Padrón, ni una defensa fanática de su figura y de su trayectoria, pero sí quiero transmitir en voz alta la honradez de un hombre que dedicó sus esfuerzos personales, familiares y profesionales para dedicarse a un Hierro mejor, con aciertos, con errores, con equivocaciones, con presiones, ..., pero sin comisiones. Siempre he dicho que incluso le ví tratar mejor a adversarios políticos que a los afines.

Con él, o al lado de él, crecieron generaciones de políticos con mayor, menor o ningún éxito que llegaron a puestos de responsabilidad, y sin acritud lo digo, y sin señalar también, siento con pena y tristeza la voz callada de tantos y tantas que estuvieron con él, y que al menos ahora, viendo estas duras e infundadas acusaciones, no sean capaces, al menos, de manifestarse públicamente en su defensa. Lo digo, créanme, sin reproches, solo con la sana intención de reclamar una causa justa para una persona, ahora espectador indefenso, de como se pone en duda su honorabilidad personal que no solo le afecta a él sino a todo su entorno familiar. Tendríamos que ponernos en su piel, porque la soledad es a veces cruel.

No estoy pidiendo distinciones ni homenajes, pero sí al menos alguna mano que estreche la de él en momentos de desolación, o algún teclado que salga del letargo, o algún texto que lo transmita, … A los /las que se puedan sentir aludidos o aludidas, no lo vean como algo personal, seguramente lo más cómodo sea no decir nada, pero tengo este defecto que dan los 60 años, y es no siempre callar, y si esta reflexión personal sirve para que alguien más diga algo, bienvenida, siempre existe tiempo. Lo hago hoy por él y lo haría seguramente por otros y otras si la justicia social me lo reclamase.

Gregorio Peces Barba también escribía en este mismo artículo que siempre le habían impresionado aquellos hermosos y contundentes versos del Moisés, de Alfredo de Vigny, (poeta y dramaturgo francés), que traducido venía a decir: «Señor, me habéis hecho poderoso y solitario; dejadme que me duerma con el sueño de la tierra». Seguramente es lo que pensará Tomás Padrón desde su casa y es lo que yo también pido para él.

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