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Francisco Pomares

¿Cuarta dosis?

El Ministerio de Sanidad tuvo que corregir ayer el patinazo de la ministra de Sanidad, tras anunciar Carolina Darias que en otoño habría cuarta dosis de la vacuna del covid para toda la población. Sanidad puntualizo que –ejem– no se sabe si podrá ser en otoño o será más tarde, y que además la cuarta dosis empezará por la población «más vulnerable». Otras fuentes sanitarias, tras cuestionar que sea viable generalizar la cuarta dosis en otoño, han insistido en que es importante seguir vacunando a la población de la tercera dosis –España va muy por detrás de los países de nuestro entorno–, y vacunar a los niños, que es el sector donde hay una mayor resistencia a la vacunación.

En medio de la confusión, las contradicciones en los mensajes y el mentís del Ministerio a la ministra (un fenómeno abiertamente paranormal), lo que debiera preocuparnos es que la séptima ola no sólo no remite, sino que ofrece datos mucho peores que los que había a finales de 2021, cuando el total de personas hospitalizadas por Covid no alcanzaba las 3.300. Hoy supera las 6.700, por encima del doble que el año pasado. Se trata de hospitalizaciones muy por encima de las que se producen en Italia, Francia y Alemania, a las que se suman ya más de 4.000 muertes inesperadas en los dos primeros meses del año, una cifra que nadie se explica. El número de muertes por covid a la semana es de 157, cantidad que también dobla al número de personas –82– que morían el año pasado. El único medidor favorable es el de la ocupación de UCI, consecuencia probable de la mayor vacunación. Pero al margen de ese dato positivo, España acumula 120 ingresos por covid por cada millón de habitantes, frente a 31 de Italia, 32 de Alemania o 42 de Francia. Hace un año, la incidencia para los grupos de edad mayores de 60 años no alcanzaba los veinte casos por cien mil a la semana. Ahora supera los 250 casos.

Sin duda, algo está ocurriendo. ¿Pero qué es? La hipótesis más probable es que las infecciones y reinfecciones masivas de la séptima ola tengan que ver con que no sean ya obligatorias las medidas de protección, tras imponer el Gobierno el retorno a una neonormalidad decretada. Además, es probable que la inmunidad este descendiendo, al descender el ritmo de vacunaciones, sin haberse alcanzado la cobertura masiva de la tercera dosis, limitada de momento a poco más de la mitad de la población.

Y es en ese contexto en el que se produce la pifia de la ministra sobre la cuarta dosis, que requiere de una vacuna sustancialmente distinta a las que se han manejado hasta ahora, que hay que actualizar para que resulte eficaz frente a las cepas conocidas, como se hace con la vacuna estacional de la gripe. El Covid ha desarrollado en humanos hasta cinco variantes principales, la última de ellas omicrón, que monopoliza hoy el 90 por ciento de los contagios. Pero la respuesta inmune de la proteína S de omicrón no protege de las cuatro variantes anteriores, y por tanto, hay que incorporar a la nueva vacuna al menos dos antígenos S, uno procedente de omicrón, y otro de la variante delta de Wuhán, que protege también de las tres variantes anteriores.

En Israel, Chile, Dinamarca, Hungría, Suiza y Estados Unidos se probó con una cuarta dosis de las vacunas anteriores, que aumentó durante unas semanas la inmunidad frente a casos graves de Covid, pero no logró evitar el contagio por omicrón. Por eso, lo que las farmacéuticas pretenden ahora no es otra dosis de las vacunas anteriores, siguiendo la fórmula utilizada en esos países, sino una vacuna nueva, recombinada y estacional, que habría que inocular igual que se hace con la vacuna de la gripe –otro virus que requiere la inmunización de las mucosas respiratorias–, primero a las personas mayores o potencialmente con más peligro ante el contagio.

Tanto Pfizer como Moderna llevan ya tiempo trabajando en esa vacuna nueva, que podría ser aprobada por las autoridades sanitarias europeas en septiembre y estar disponible en octubre. Y a eso probablemente se refería la ministra Darias cuando daba la fecha de octubre. Pero esa nueva vacuna no podrá ser en principio para todo el mundo: ni habrá suficientes, ni es imprescindible. Si queremos evitar muertes, en España lo que hay que hacer es volver a las medidas de protección individual y seguir vacunando de la tercera dosis a esa casi mitad de ciudadanos que no se han vacunado todavía.

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