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el recorte

Solo puede subir uno

Los dos coches oscuros, de cristales tintados, entran en el garaje de la sede de la Presidencia del Gobierno. Ya dentro, varios hombres se bajan velozmente y abren los maleteros para sacar a dos hombres con los ojos vendados. Velozmente los meten en un ascensor y les quitan el antifaz. Aparecen Miguel Concepción y Miguel Ángel Rodríguez. La puerta del ascensor se abre, impidiendo que hagan el menor comentario. Delante de ellos se enfrentan a un tipo encapuchado.

–Presidentes. Les hemos traído porque necesitamos que el Tenerife y Las Palmas empaten la eliminatoria del ascenso. Ninguno puede ganar. Y a ustedes les va a la vida en que ocurra así.

Concepción y Rodríguez se miran asombrados.

–Presidente Torres, eso es imposible. Uno de los dos se va a quedar por el camino.

El encapuchado se destapa, visiblemente cabreado.

–Ya les dije yo que con la voz que tengo lo de la capucha no iba a funcionar. ¿Cómo que no pueden empatar? Claro que sí. Se lo ordeno. Se lo ruego. Se lo imploro.

–Si la eliminatoria acaba en empate hay prórroga. Y después penalties. Y si se sigue empatando, se tira una moneda. Solo puede subir uno.

El presidente Torres se sienta en el suelo, desconsolado. «Estoy muerto» musita mientras su gente de confianza le da palmaditas en la espalda intentando animarle. Mientras se lo llevan hacia su despacho se le escucha gritar por el pasillo: «Esto no tiene remedio ¡Llamen a Casimiro Curbelo!».

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