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¿Lideramos Canarias con sentido común?

Me parece interesante hacernos esa pregunta: ¿lideramos con sentido común? ¿O, eso que pareciera algo básico y elemental, se evade para desarrollar liderazgos situacionales llenos de emociones y creencias, envueltos en paraguas de egos, o quizás de esas autoestimas ciertamente debilitadas?

Hace unos días disfrutamos en Canarias de la maravillosa compañía de Antonio Sola; una figura internacional de la consultoría política, presidente de la Fundación Liderar con Sentido Común y con una trayectoria extensa y reconocida a nivel mundial, que le ha llevado a ganarse el título de «Creador de Presidentes». En su estancia en Tenerife, Sola presentó los datos diferenciadores del estudio realizado en Canarias el mes pasado, con las opiniones de personas mayores de 16 años, que abordan cuestiones que refuerzan la coherencia de las respuestas de los canarios sobre sus líderes, así como sus sentimientos respecto al conflicto Rusia-Ucrania. Comparto con vosotros algunos de los datos diferenciadores de este estudio.

En esta línea, la mitad de los encuestados por la fundación señala que siente más tristeza que rabia o miedo ante el conflicto bélico en Ucrania, lo que pone de manifiesto, según FLSC, la empatía que los canarios sienten. Asimismo, el 42% de los canarios apunta problemas económicos, seguidos por problemas humanitarios y energéticos, como potenciales consecuencias para España. Por contra, más de la mitad de los encuestados creen que España no cambiará después de la guerra, con lo que estas cifras se interpretan como consecuencias coyunturales y no profundas.

Con relación al liderazgo político, el estudio muestra también la desconexión con los políticos actuales, traducida en sentimientos como la desconfianza que sienten siete de cada diez encuestados hacia los políticos que los gobiernan, y en el hecho de que seis de cada diez canarios reconoce que sus gobernantes carecen de sentido común o tienen apenas un poco. Todo ello se traduce, según los especialistas, en la necesidad de nuevos liderazgos. Tres de cada diez canarios abogan por un nuevo líder para solucionar sus problemas. No es tanto por la capacidad o no que vean en ellos, sino por la percepción que manifiestan de la obligación que se les otorga para la resolución de sus problemas, ese metro cuadrado que rodea a cada ciudadano canario, y que realmente es lo que le interesa, importa y registra como deseo o no de continuidad para ese líder político.

La «honestidad» y la «percepción de trabajador» son dos aspectos identificativos del buen liderazgo para los canarios. Siendo la bondad moral como honestidad, generosidad y resiliencia, entre otras, exigibles muy por encima de las capacidades racionales. «El mensaje es claro: no sirve alguien fuerte y trabajador si además no es honesto. Al parecer, sin verdad no hay liderazgos de verdad. Era de esperar, lo notable es la gran proporción con que la gente lo exige sobre las capacidades racionales. Eso tiene que ver con la desesperanza auto-aprendida, donde el individuo renuncia a exigir lo que cree que ya no va a conseguir y solo se centra en las utopías de carácter humano, que percibe como irrenunciables», señala Sola.

Antonio Sola ha liderado la estrategia de 14 campañas presidenciales ganadoras y ha dirigido más de 500 de distinto rango en más de 30 países. Sus equipos evalúan, dan sostén y soporte a equipos y gobiernos, y están en ese continuo estudio e investigación de esas corrientes de pensamiento de la ciudadanía.

Esta aproximación que os he aportado acerca de sus resultados es un indicativo de esos ajustes, reflexiones y estrategias que deberían de liderar aquellas fuerzas políticas; candidatos, alcaldes, gestores públicos en general, que aspiren a ganar la confianza de una ciudadanía deseosa de ser feliz en su metro cuadrado.

Los «creadores de certidumbre» para la ciudadanía ante un futuro incierto, previsiblemente, serán los ganadores de esta batalla electoral que iniciamos.

Entramos en días en nuestra precampaña particular; por un lado, las candidaturas públicas, y por otro lado, la observación y el análisis de la ciudadanía que irá sumando percepciones y creencias. Activemos a nuestros estrategas, planifiquemos y diseñemos una hoja de ruta con la gente y para la gente. No es populismo, es deseo real de poner en primer lugar a la persona, para desde ahí comerte el mundo.

Necesitamos líderes y candidaturas estables emocionalmente que vayan desde su centro y equilibrio personal al de su hogar, su barrio, su municipio, su isla y desde ahí a su región y al mundo.

Muy difícil querer arreglar el mundo si no somos capaces de reequilibrar constantemente «nuestro propio mundo interior».

etikpolitica.es @EtikMaite

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