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Wladimiro Rodríguez Brito

Fuentes de Güímar, una referencia en la gestión del agua

En los últimos cincuenta años hemos pasado en Canarias de construir 2.000 kilómetros de galerías y pozos, es decir, varios metros al día, a mirar ahora para las desaladoras como alternativa, con de más de 400 plantas que demandan millones de m3 de petróleo, con aportes limitados de energías alternativas. En la actualidad disponemos de más de 400 hm3, es decir, más de 800 millones de pipas que mayoritariamente dependen del petróleo. No olvidemos que en épocas anteriores a las galerías y pozos disponíamos de unos 100 millones de m3/año para toda Canarias que aportaban los manantiales, creando un emporio de riqueza y un oasis de vida en el árido sotavento de Tenerife.

En estos últimos años se ha producido una crisis en la gestión del agua en Canarias debido al agotamiento de los acuíferos y se ha buscado una supuesta alternativa con la desalación con unos alegatos económicos y tecnológicos que parecen plantear que es un bien ilimitado. En unos años las desaladoras han pasado de cubrir una emergencia a verse como un elemento más de nuestro paisaje para regar el césped, algo que debe hacernos reflexionar.

Las siguientes líneas pretenden destacar la aptitud poco común de tratar el agua como un bien escaso que hemos de valorar con el máximo cuidado. La obra realizada por un grupo de comuneros en Güímar es digna de que se conozca como referencia de otra cultura.

Veamos algunos aspectos realizados en el Valle de Güímar. Hemos pasado en unos años de sustituir canales -en algunos casos tarjeas con más de 70 y 100 años-, por más de 145 km de tuberías de una o dos pulgadas y la constitución de numerosas cajas de distribuciones de agua a los accionistas. Se han suprimido las pérdidas en la red, incorporando entre un 20 y un 30% de agua que se perdía en las atajeas de antaño y todo eso sin realizar nuevas perforaciones en el sobreexplotado acuífero insular.

Valgan como referencia algunos datos como es que la Fuente de Güímar se encuentra en un espacio reducido y es la resultante de la fusión de varias galerías. Entre los barrancos del Río Badajoz y las lavas del volcán de Arafo, no incluimos el sur del municipio todo el territorio de Agache–Escobonal ni tampoco el resto del Valle de Güimar, Arafo y Candelaria. Deben saber que las galerías mancomunadas significan 7.200 acciones con 1.200 comuneros, lo que indica el importante ahorro popular para la construcción de las galerías en Canarias. Hablamos de 400 pipas de las más de 2.000 pipas/ horas que tenían hace algo más de 40 años.

Hemos de destacar que las obras se han realizado con esfuerzo de los comuneros –incluido los préstamos que solicitaron–, pero también con aporte de la Consejería de Agricultura, el programa de Desarrollo Rural y el Consejo Insular de Aguas de Tenerife. No olvidemos que a comienzos del siglo XXI, Tenerife era pionera en la depuración y reutilización de aguas, regando más de 1.000 has en Arona y San Miguel gracias a la labor del Cabildo. Sin embargo, hoy en día nos superan diversos territorios como Murcia o Alicante.

Entiendo que la obra realizada por los comuneros de Fuentes de Güímar debe ser una lección básica de lo que debemos hacer con la mayor parte de las galerías y pozos para una mejor gestión de los recursos hídricos en Canarias. No debemos olvidar que en el Archipiélago la mayor parte del agua se pierde en la red urbana y que, lamentablemente, en muchos casos supera el 50% y no llega al grifo de las viviendas. Tenemos el lamentable caso de Lanzarote, en donde se pierde más de un 50% del agua que se desala en la isla.

Sin alejarnos del Valle de Güímar, tenemos un ejemplo lamentable con las aguas urbanas sin depurar. Y lo que es peor: con una depuradora construida con dinero público que está inactiva, con un volumen de agua superior de lo que gasta los agricultores. Está claro que necesitamos otra manera de gestionar los recursos en la que el ahorro y el compromiso compartido sea algo básico y en el que se afronte con valentía los usos urbanos y las pérdidas en numerosas redes, la depuración y la reutilización de las aguas.

Espero que lo realizado por los comuneros de Fuentes de Güímar contamine –como canta otro güimarero como Pedro Guerra– al resto de territorios y se gestione de forma adecuada el agua porque no podemos permitir que haya vertidos en la zona sin depurar al mar –ahí están los problemas de las multas de la Unión Europea–. Todos sabemos que con dicho caudal podemos regar cientos de hectáreas de frutales y plantas forrajeras, que son tan importantes en los tiempos que nos toca vivir con la inflación y sobrecostes por la invasión rusa de Ucrania.

Hemos de hacer un reconocimiento a Roberto Rodríguez y al equipo que le acompaña, que abrieron caminos y senderos en una forma de hacer las cosas con compromiso social y ambiental en una isla huérfana de ideas. Miremos para lo que se hizo en Güímar hace años y aprendamos para tener un futuro mejor en el tratamiento de un bien tan necesario como escaso en nuestra tierra como es el agua.

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