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Matías Vallés

Al Azar

Matías Vallés

Nadie como Nadia posa entre iguales

No soy indiferente frente a Nadia Calviño, sino hostil a la guardiana de la ortodoxia de derechas o rusa en un Gobierno más asediado que el ucraniano. De ahí el valor adicional de mi rendición ante la valentía de la vicepresidenta primera, al negarse a una foto posando exclusivamente con dirigentes empresariales madrileños de incontestable masculinidad. Si la responsable de Economía plantara cara a las eléctricas y energéticas con igual determinación, este país sería muy diferente. La ministra de derechas ha logrado mucho más para la igualdad de lo que nunca conseguirá para la economía, ha adelantado por la izquierda al feminismo gubernamental.

El gesto irreversible de negarse a la foto unisex adquiere un matiz definitivo, gracias a la claridad que emplea para explicarlo. No se trata de forzar una igualdad decorativa, sino que el fondo está en la forma. Sin una recomposición de la cúpula empresarial, el retroceso denunciado por la vicepresidenta será irreversible. Los ladridos de Vox pillado a contrapié revalidan el gesto valiente, todas las políticas españolas quedan interpeladas. En el terreno de juego de Calviño, se debe imponer con igual contundencia una paridad en los consejos del Ibex que en ningún caso podría empeorar la situación actual, ditto para masculinidades tan atrofiadas como las residentes en el Supremo o las Academias.

Nadie como Nadia posa entre iguales. Los varones que deseaban aplastarla fotográficamente no entendieron sus explicaciones nítidas, razón de más para obligarles a la recomposición del photocall. Se refugiaban en el liberalismo, como si esta doctrina igualitaria viniera garantizada por las corbatas. Incluso ellos, por apuntar al reducto más refractario a la igualdad, a partir de ahora mirarán a las mujeres de otra manera y efectuarán remodelaciones cosméticas en sus equipos por si tienen que volver a posar con una vicepresidenta. Calviño actuó con una rabia perfectamente orientada. No quiere ser la pobre Von der Leyen postergada por sátrapas provincianos, nos encara con la excesiva rapidez en la cesión de las propias convicciones. No confundir urbanidad con cobardía.

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