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Jorge Bethencourt

Manual de objeciones

Jorge Bethencourt

Las cosas del Sur

Qué parecida es al final la nueva política a esa otra, tan vieja, que representan los socialblandengues de la cal viva y los fachas de la derechita cobarde. Las turbulentas negociaciones de la izquierda comunista para presentar una candidatura conjunta a la Junta de Andalucía acabaron como el rosario de la aurora. Con Podemos presentando unos papeles fuera de plazo y con dardos envenenados entre unos dirigentes y otros.

¿Qué era lo que estaban negociando? «Sillones» ¿recuerdan? Esos puestos que la casta política reparte, este para ti, este para mí, para ir colocando a su gente. Sillones y pasta gansa. Quiénes serían los portavoces parlamentarios –pasta extra– y cómo se repartirían (60% para Podemos y 40% para el resto de la manada) las asignaciones que el Parlamento Andaluz paga a los grupos políticos para que vivan holgadamente.

Yolanda Díaz, esa sonriente señora que se considera la gran esperanza de la izquierda que no quiere saber nada de la izquierda, ha dicho que su proyecto futuro no tiene nada que ver con lo que están haciendo los partidos comunistas en Andalucía. O sea, sacarse los ojos. Ni con sus resultados electorales, que se prevén nefastos. Por Andalucía, que es como se llama la coalición de partidos de izquierda, tiene dentro demasiados rencores viejos y heridas mal cerradas. Demasiadas cuentas pendientes entre líderes andalucistas desencantados y cabreados con el aparato leninista de Podemos en Madrid y su feria de las vanidades, sus chalés, sus contradicciones, sus traiciones… Ese desperdicio y esa gran oportunidad perdida para la izquierda española.

Y mientras el rojerío se saca los hígados a los dos lados de Despeñaperros, los fachas siguen a lo suyo. Los populares peleándose cortésmente con su marca blanca, sabiendo que una vez más se van a merendar el poder. Y en frente un Espadas con menos filo que el canto de un euro, el precio que el PSOE de Andalucía cobró del señorito Sánchez a cambio de entregar la cabeza de Susana Díaz, la malquerida, en paz descanse. Y de fondo, para más joder, la procesión de condenados socialistas de los ertes con el pobre expresidente Griñán a la cabeza.

Salvo que Tezanos diga lo contrario, las autonómicas andaluzas van a darle otro meneo al feliz ausente de La Moncloa, ocupado en lo suyo, que es la genuflexión y la papiroflexia con la casa real de Cataluña y Marruecos. Mientras entrega cabezas de ministras de Exteriores o directoras del Cesid, a cambio de salvar la suya, el gran defensor del feminismo deslumbrado por su propia imagen en el espejo no ha descubierto que el mapa de España se está tiñendo de azul.

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