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El recorte

Otra más por la borda

Pedro Sánchez, el aeronauta de los tiempos de la desolación, sigue tirando peso muerto por la borda, para mantener en el aire el globo del poder. Después de liquidar a la cúpula de Exteriores, con González Laya a la cabeza (sacrificio recompensado con un lácteo retiro en el consejo de administración de Danone) ahora le toca el turno a la jefa de los espías españoles, Paz Esteban. Su cabeza ha sido entregada como sacrificio a los dioses del volcán independentista catalán. Aunque les siga pareciendo poco, porque quieren el pescuezo de la ministra Robles. El portavoz de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), Gabriel Rufián, desveló en TV3 parte de los contenidos de la última Comisión de Secretos Oficiales del Congreso, que desde que está ERC ha dejado de ser secreta. Rufián reveló que Paz Esteban había reconocido el espionaje, con autorización judicial, de una veintena de teléfonos de líderes secesionistas. Y que los otros, a los que el CNI no pinchó, podrían tener como autores o una potencia extranjera o bien «organismos descontrolados» del propio Estado español. Queda por saber quién infectó los teléfonos del propio presidente del Gobierno de España y sus ministros y, sobre todo, qué contenidos «sensibles» lograron robar de los terminales. En todo este desbarajuste, este caos y este desastre nacional, cuando ya no queden cabezas que cortar, Sánchez empezará a darse cuenta de aquello de Bertold Brecht: de que el último cogote en subir a la guillotina será el suyo.

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