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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

Brindando por su impunidad

Estaba a punto de escribir sobre la televisión autonómica y la desvergüenza al respecto de los partidos que apoyan al Gobierno autónomo. Ya se sabe, eso de que hayan frenado cualquier ponencia en la Cámara regional para impedir que la preceptiva definición parlamentaria sobre el modelo de televisión pública sea, siquiera, debatida. Porque se trata de mantener como sea el contrato ahora llamado de infraestructuras con la productora que lleva una gozadera de años disfrutándolo y que tiene como socio principal a Canarias 7. ¿Ustedes han visto la carita de hombre bueno aunque sin tiempo para afeitarse de Ángel Víctor Torres, por ejemplo, que es su mayor aportación –de largo– a la política isleña? ¿O esa espada flamígera templada en el fuego de la honradez progresista y la probidad de clase también conocida como Noemí Santana? Pues aunque ni huelen ni jieden –como dicen en Juncalillo– están en esta movida. El gran amañador, por supuesto, es Román Rodríguez, que, como la vieja Trotaconventos, siempre está reconstruyendo y remendando la virtud de la televisión pública canaria espatarrada en la Consejería de Hacienda. Francisco Moreno está ahí para pasar el bisturí o limpiarle el sudor a la frente del jefe cuando haga falta.

Cada vez es más difícil, ciertamente. En esta ocasión se ha pretextado que la ponencia no puede hacer su trabajo porque no existe un informe económico como elemento esencial para el análisis y el debate sobre el modelo de gestión de la tele. Claro que existe: el de la Audiencia de Cuentas. Pero se obvia, se solicita otro y ya está. Rodríguez actúa con un descaro extraordinario. El Buscón de Quevedo se andaba con más cuidado y mostraba más elegancia. Pero, ¿quién diablos le va a bufar al vicepresidente y señor de los presupuestos autonómicos, quién va a señalar su impúdico oportunismo, quién denunciará su cinismo ilimitado y camastrón? Nadie, y menos que nadie, sus tartufescos socios de gobierno. El aliento más flaco les llega a todos a la nuca. Alguno se monta un pequeño vodevil para firmar la solicitud junto al PSOE, NC y Podemos para cerrar el paso a la ponencia parlamentaria y, al mismo tiempo, rechazar esa petición, que es lo que hizo Casimiro Curbelo. El líder del curbelismo ha llegado a contar que él no firmó nada, que uno de sus asesores –¿cuántos asesores tiene el minúsculo grupo parlamentario de la ASG?– fue quien mandó su firma electrónica porque se la pidieron como quien pide un cortado. Ignoro cuáles serán las coincidencias ideológicas del señor Curbelo con Torres, Rodríguez o Santana, pero comparte una convicción básica con los tres: cree que somos idiotas. Lo bastante idiotas, en fin, para creer que un asesor suyo le manda a quien se lo pida la firma electrónica de su líder bien amado sin preguntar una palabra. Sí, don Casimiro, la gente es oligofrénica. No, muy oligofrénica. Como usted mande.

En todas las comunidades autónomas las pequeñas televisiones públicas están, más o menos explícita o inteligentemente, al servicio del Gobierno de turno correspondiente. No se conoce ninguna excepción. Lo que distingue a la televisión canaria es que, además de ser la voz de su amo –controlando cualquier disidencia, dedicando al Parlamento, por ejemplo, un programa al que solo le hace falta Anne Igartiburu, corazones– atiende a los bolsillos de empresarios muy concretos. Tan concreto que es uno. Los mismos individuos que, desde los despachos del Gobierno, impiden que RTVC alcance la mayoría de edad y avance hacia la autonomía frente al poder, hacia una auténtica pluralidad, hacia un sistema de producción liberado de mercenarios y achichincles, son las que deciden conceder la Medalla de Oro de Canarias a la televisión pública canaria. Es una burla. Es un choteo. Es un brindis en el que levantan sus copas brindando por su impunidad.

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