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Jorge Dezcallar

OBSERVATORIO

Jorge Dezcallar

Francia, ahora las legislativas

Aunque la victoria de Emmanuel Macron sobre Marine Le Pen ha sido contundente y recibida con alivio por los que creemos en el proyecto europeo, ahora comienza la lucha por hacerse con la mayoría de la Asamblea Nacional en las elecciones del 12 y 19 de junio, una cita que algunos consideran como la tercera vuelta electoral. Así lo han dicho Le Pen y Melenchon, que desde la derecha y la izquierda disputarán esos escaños a Macron. Y conviene recordar que en las primarias los resultados fueron bastante ajustados pues Macron obtuvo el 27,7% de los votos frente al 23,1% de Le Pen y el 21,9% de Melenchon, y ambos ya han llamado a otros partidos de sus respectivos espectros ideológicos a unir fuerzas para el envite de las legislativas y tampoco tienen fácil lograrlo.

Los partidos que han garantizado la alternancia dentro de unos valores compartidos durante muchos años han caído en la irrelevancia y Francia está hoy dividida entre un centro-derecha liberal, la extrema derecha y el populismo de izquierdas, entre las élites urbanas y cosmopolitas y los obreros y campesinos de las zonas desindustrializadas y rurales. Baste recordar que el 80% de los votantes de Le Pen consideran que su vida está mal, que va a peor y que los gobernantes les ignoran, lo que contribuye a explicar que solo el 40% de los franceses aprueben la gestión de Macron y que la abstención haya sido del 28%, la más alta desde 1969.

Macron sabe que su estilo arrogante y elitista despierta un fuerte rechazo y que ha sido reelegido menos por sus méritos que por el miedo que aún despierta Le Pen pese a que cada vez tiene más votos. De seguir así algún día atravesará la barrera del 50% porque se ha moderado y ya no habla de salir del euro ni de abandonar la UE. Hoy la extrema derecha es una opción aceptable para casi la mitad de los franceses, algo que debe preocupar más allá de las fronteras del Exágono, porque esa extrema derecha no cree en el proyecto europeo. Por eso la satisfacción y el alivio ante la victoria de Macron que al menos garantiza otros cinco años de construcción de Europa. También se ha recibido bien en EEUU porque tanto la ultraderecha como la izquierda populista son contrarios a la OTAN y muestran simpatías y comprensión con Rusia.

El futuro de Le Pen tampoco es fácil porque sabe que entre los jóvenes y los trabajadores quien de verdad ha ganado ha sido la abstención. A las dudas sobre su propia continuidad al frente de RN tras tres derrotas sucesivas, se añade una pugna con Eric Zemmour por el liderazgo de la extrema derecha en estas legislativas. Por no hablar de lo que podría ocurrir si debido al sistema mayoritario a dos vueltas que impera en Francia, una fuerza que en las presidenciales ha obtenido 13 millones de votos se queda prácticamente fuera del Parlamento y de los gobiernos locales, como ya ocurrió en 2017.

La «cólera» de la que tanto se ha hablado últimamente puede volver a tomar las calles como ya hicieran los chalecos amarillos. Por todo eso, las legislativas se presentan a cara de perro. A corto plazo Macron necesita una mayoría que le permita hacer su programa y no encaminarse a una incómoda cohabitación con un primer ministro (o primera ministra) en sus antípodas ideológicas, sea de izquierda o de derecha, lo que le quitaría mucho poder en el ámbito doméstico, pues la política exterior es el dominio casi exclusivo del presidente. De ahí que sea muy importante su elección de primer ministro (o primera ministra) capaz de seducir a izquierda y derecha. Y también sabe que el futuro de su partido no está asegurado ante el crecimiento de los extremismos, y que sus últimos cinco años como presidente no pueden ser una prolongación de los anteriores, pues en este tiempo tiene que ser capaz de unir a Francia y de incorporar a los sectores que hoy se sienten marginados. A más largo plazo tiene que hacer las reformas necesarias para lograr un nuevo consenso político sobre valores compartidos con objeto de evitar el vértigo ante el abismo que se puede abrir de nuevo dentro de cinco años. Nadie dijo que fuera fácil.

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